Uno de los libros que más me ha ayudado sobre las crisis financieras es el clásico de Burton Malkiel, “A random walk down wall street” (http://en.wikipedia.org/wiki/A_Random_Walk_Down_Wall_Street). En el mismo, el profesor de Princeston trata de describir tanto teórica como históricamente el devenir de las distintas burbujas financieras y crisis económicas a lo largo de la historia del capitalismo.
Las dos columnas fundamentales en la que asienta su descripción son las teorías del “valor intrínseco” y la teoría de los “castillos en el aire”; siendo la espada más representativa de la primera, Irving Fisher http://en.wikipedia.org/wiki/Irving_Fisher y de la segunda, Sir John Maynard Keynes http://en.wikipedia.org/wiki/John_Maynard_Keynes .

Ambas buscan dar respuesta a una pregunta fundamental en la teoría económica capitalista. Ésta es: por qué las cosas tienen valor y cómo determinar el mismo.

La teoría del valor intrinseco sostiene que los instrumentos financieros tienen un valor determinado en base a los fundamentos que subyasen en ese instrumento. En consecuencia, puede conocerse el valor de ellos, a través de un cuidadoso análisis de rentabilidad.

Esta teoría es sostenida en la actualidad por numerosos inversionistas siendo el más famoso Warren Buffet http://www.invertirenbolsa.info/libro_bolsa_the_warren_buffet_way_robert_g_hagstrom.htm .

Keynes sostenía, en cambio, que era de dudosa utilidad sumergirse en el estudio del valor de un producto financiero cuando su valor dependía tan dramáticamente de la opinión de los otros inversionistas.
En sus propias palabras, “no es razonable pagar 25 por una inversión en la que se considera que las perspectivas de rendimiento justifican un valor de 30, si a su vez considera que el mercado la valorará en 20 de aquí a tres meses”.

Para Keynes, lo importante eran las expectativas de la gente y, aunque nunca formuló una teoría sobre como se formaban las mismas, abrió un campo para el estudio de la economía influenciada por ellas.

Es interesante hacer notar que, mientras la teoría del valor intrínseco no explica las burbujas, los pánicos y los cracs financieros sino que se centra en el largo plazo. Para La teoría de los castillos en el aire el valor es algo tan subjetivo que puede generar booms o pánicos en cualquier momento y casi sin motivo aparente. Basta que la gente crea que el activo va a seguir subiendo para que lo adquiera y esto provoque que su precio se convalide.

Oskar Morgentern http://homepage.newschool.edu/het/profiles/morgenst.htm defiende este punto de vista en su “Theory of games and economic behavior”. En una economía de intercambio, el valor de cualquier activo depende de una transacción presente o en perspectiva. Morgentern consideraba que todo inversionista debería colocar sobre su escritoio la máxima en Latín:
“Res tantum valet quantum vendi potest”
“Las cosas valen tanto como lo que puedas obtener al venderla”

Y aquí, dos teorías: las cosas valen porque la gente cree que valen y las cosas valen porque la gente las necesita. Pero, ¿cómo establecer cuánto? Frederich Hayek http://mises.org/about/3234 en 1942 escribió un paper que sería fundamental para el desarrollo de la ciencia económica. En él explicaba al sistema de precios como un mecanismo de transmisión de información. En efecto, los precios revelan lo que la gente cree, lo que la gente necesita y lo que la gente siente.

Estas afirmaciones junto a los trabajos de Louis Bachelier http://es.wikipedia.org/wiki/Louis_Bachelier dieron origen a la teoría de los mercados eficientes. Esto no es, como piensan algunos, que los mercados nunca se equivocan. Lo que sostiene la teoría es que los mercados registran y recolectan toda la información disponible. Incluso las creencias falsas o los rumores. Información, opiniones y teorías; todo tiene su ponderación en el precio de un activo y, cuando una nueva noticia se conoce o se confirma, ésta pasa por el matiz de cada opinión en la forma de una compra o una venta y afecta el valor del activo.

Por eso, la forma de electrocardiograma que tienen los cotizaciones no son una señal de irracionalidad. Todo lo contrario,
nada más racional que cambiar a medida que el mundo cambia y en su misma dirección.