Podrías hacer algo útil“. Esa era la frase obligada de mi madre cuando me veía tirado frente al televisor. Se puede decir que mi infancia fue un asedio a la necesidad de encontrar sentido a mi tiempo. Siempre justificando la real o imaginaria utilidad de lo que hacía.

Hoy ya hecho un animal de edad provecta la utilidad sigue persiguiéndome con su mandato. Y para colmo de males, como buen economista la utilidad ha sido para mi vida la definición de lo que tiene valor frente a lo que no lo tiene. Carne de psicólogo.

El problema más grave con la útilidad es que requiere, como fundamento “sine qua non” de un objetivo. De un sentido de la vida. Sin ese sentido no podemos saber qué es útil y qué es inútil. ¿Útil o inutil para qué?

Es cierto que la naturaleza nos provee de una respuesta más o menos obvia y evidente. Estamos para durar, como las plantas, los animales y los planetas; nacemos, transitamos y morimos. Algunos más afortunados también nos reproducimos.

También están los religiosos que sostienen que todo esto se encuentra dentro de un plan divino. Todos ellos pueden encontrar más o menos justificable la útilidad de sus acciones.

Pero qué pasa cuando los objetivos cambian. Todo nuestro pasado pasa a ser una pérdida de tiempo. ¿Un matrimonio fallido o un empleo que nos aburre hace que nuestra vida no valga la pena?

Tengo la sospecha de que mi vida no requería de ninguna racionalización para ser lo que iba a ser. Algo así como un determinismo darwiniano me dice que los objetivos son mucho más profundos que la representación de los objetivos que permanentemente verbalizamos.

Almafuerte decía que todo era victoria porque nunca podríamos vivir una vida diferente a la que efectivamente vivimos.

Será por eso me gustó tanto el speech de Jobs en Stanford (http://www.youtube.com/watch?v=6zlHAiddNUY ). No deberíamos preguntarnos por la útilidad de nuestros actos, simplemente confiar en que los puntos que dejamos en la vida se van a conectar de alguna manera y tendrán sentido.

Jeremy Bentham http://es.wikipedia.org/wiki/Jeremy_Bentham, fundador del utilitarismo, molesto por el presaico nombre que le habían asignado a su movimiento, pensó en cambiarlo por Felicitarismo. Lo útil es lo que nos hace felices.

Nadie muere por las cosas útiles. Tenemos la necesidad de dar la vida absurdamente. Es la reafirmación del ‘nonsense’ de la existencia. Morir inútilmente una vida sin sentido es la única forma de justificarla.