Escrito al estilo Thomas de Quincey

El siguiente es un ensayo elaborado por el controvertido sociólogo suizo Alejo Seppey en el cual intenta realizar una prospectiva de las estructuras sociales futuras.-
Un reciente informe de una consultora norteamericana llama la atención sobre el incremento de madres solteras mayores de 25 años y con un ingreso consolidado. Este dato arroja cierta duda sobre la evolución del concepto tradicional de familia y sobre el viejo paradigma de la madre soltera como “la costurerita que dio aquel mal paso”.

Al parecer un segmento creciente de mujeres profesionales, exitosas y heterosexuales está eligiendo de manera libre y voluntaria el construir una familia sin marido. La pregunta es, ¿es éste un comportamiento racional o forma parte de uno de los tantos ‘cul de sac’ que la madre naturaleza le hace recorrer regularmente a sus criaturas?

En mi opinión, éste es un comportamiento perfectamente racional. Es más, es una actitud que guarda una total coherencia con lo que, yo creo, es la tendencia en materia de estructura social; el avance del matriarcado.

Hace varios años que los indicadores a favor de un avance hacia la supremacía de la mujer se vienen acumulando de manera indudable. Ya hoy, en los Estados Unidos el número de estudiantes de postgrado mujeres supera al de varones. Y ni que hablar de la brecha en las notas entre ambos sexos. La tasa de crecimiento de alta gerencia mujeres supera los dos dígitos mientras que la de los hombres es negativa.

Es verdad que, todavía hoy, el salario masculino es superior al de la mujer; pero esto es porque la cantidad de horas de trabajo que dedican las mujeres descontado los tiempos de maternidad es menor. Pero su productividad horaria es mayor lo que hace preveer que si se dedicaran a trabajar más tiempo esto podría cambiar.

El matrimonio monogámico fue una consecuencia lógica de la sociedad patriarcal que hemos vivido hasta hoy y estamos abandonando, lógico es entonces que la misma desaparezca junto con la estructura de la que formaba parte.


El matrimonio monogám
ico era funcional a la sociedad patriarcal porque significaba el único medio oficial de establecer la paternidad del hijo. Es cierto que el matrimonio poligámico al estilo árabe o mormón también lo preservan pero esto hubiera sido un retroceso demasiado significativo para la mujer occidental y, además el costo hubiera sido prohibitivo para amplios sectores de la sociedad.

El asunto es que el advenimiento de la mujer a la conducción de la humanidad ha venido acompañada del abandono del rol del hombre como proveedor y como sostén del hogar.

Cuando yo era soltero siempre me veía mi mismo como un buen padre pero un pésimo marido. Frente a esto tuve que rendirme ante la imposibilidad fáctica de ser un padre soltero y cedí a un modelo de matrimonio bastante igualitario con una mujer profesional pero de valores tradicionales.

Por eso entiendo perfectamente a una mujer que, segura de sí misma y sin necesidades económicas evidentes elija prescindir de un molesto adminículo cuya única utilidad sería la de darle hijos y luego significaría un costo hundido para la economía familiar.

Tengo una novela todavía en esquema que prospecta esa sociedad matriarcal que, estoy seguro, será la sociedad del futuro. En ella el matrimonio ha sido sustituido por un estado que se encarga de la educación de los hijos de las mujeres; hijos que no tienen padres ya que las mujeres no tienen maridos sino que elijen a los hombres por cuestiones puramente de atracción sexual.

Los hombres se agrupan por clubes o grupos de interés lo que brinda a las mujeres de valiosa información genética a la hora de elegir a los supuestos padres de sus hijos.

La ocupación de las mujeres será igual a la de los hombres pero los hombres de la elite se dedican preferentemente a las actividades de gran ocupación física como el ejercito y los deportes y, obviamente, los mejor dotados son modelos o, simplemente bancos móviles de esperma.

Las mujeres se dedican a los negocios y la política. Eso no quiere decir que no haya hombres allí, los hay pero son excepcionales. El perfil masculino mayoritario es un ser parecido a un rugbier o un futbolista con clara tendencias bisexuales.

Esto no debería molestar a los hombres como no debería haber molestado a las mujeres las anteriores estructuras patriarcales. La sociedad establece sus instituciones para su mejor funcionamiento y las descarta cuando las condiciones cambian por otras más eficientes.

En un mundo violento donde la guerra y la destreza física eran condiciones necesarias y suficientes para la primacía, los hombres establecieron sus reinos. En esta nueva sociedad donde la tecnología a superado a la fuerza y la información a dejado de ser una fuente de poder. Las cualidades femeninas imperan. De que cualidades hablamos? Preguntarán los escépticos y anacrónicos partidarios de los viejos esquemas sociales. Ese, queridos amigos, es un tema para un próximo ensayo.