Öèôðîâàÿ ðåïðîäóêöèÿ íàõîäèòñÿ â èíòåðíåò-ìóçåå gallerix.ru

Martín Lutero

La humanidad como ente colectivo nunca ha sido honesta. Al menos desde que empieza a guardar memoria a través de la escritura. La verdad siempre ha resultado un subproducto derivado, en el mejor de los casos de la utilidad, en el peor de la necesidad. Los códigos desde Hamurabi hasta Napoleón han sido mecanismos de dominación flexibles al poder y eficientes para el adiestramiento de las masas.

Nadie está dispuesto a sostener que la fuente de la legitimidad es el poder ejercido durante el tiempo suficiente de modo de hacerse costumbre. Son necesarios artificios filosóficos tales como pertenecer a los pueblos originarios (Aupatridas, Patricios), poseer distinta naturaleza (los despotismos orientales como los Egipcios y los Persas), que el poder emane de dios (Monarquías absolutas) o de la voluntad popular (Despotismos populistas y democracias).

Nada de esto es verdad, si fuera así se impondrían naturalmente pero no, las excepciones son más numerosas que la regla. Y los distintos regímenes van y vienen envueltos en el caos.

Pareto llamaba a estos artificios, Residuos; es decir, prejuicios sociales que permiten que la sociedad se mantenga compacta. Cada uno de estos residuos es sustituido generación a generación por otros mitos ya que las mentiras van perdiendo lustre pero nunca es sustituida por la verdad.

Es por eso que, generalmente, los defensores de los mitos que se están yendo son personas mayores y quienes luchan por los mitos nuevos son los jóvenes. Ambrose Bierse lo ponía en estos términos:

“Conservador es la persona enamorada de los males actuales en contraposición al liberal que quiere sustituirlos por otros males”.

Por eso los viejos siempre parecen que están recitando un montón de platitudes sin sentido y que la historia los dejó detrás.

Los viejos de ayer, de hoy y de siempre.

La humanidad se miente y se traga sus mentiras a veces hasta con gusto. Al fin y al cabo, si la mentira te va a dar de comer mejor que la verdad, la verdad no resulta demasiado valiosa.La_Verdad,_el_Tiempo_y_la_Historia

Una digresión importante que es necesario hacer, se refiere a la irónica exaltación de la verdad que realiza la humanidad tan sólo para sepultarla. La verdad es tan poderosa que puede resistir cualquier debate, de allí su propia definición. Si requiere de armas, castigos y cárceles para sostenerla, ya no es más verdad. Sin embargo la humanidad se la pasa matando en nombre de la verdad y defendiendo sus propias mentiras agonizantes.

No me interesa profundizar en estos mecanismos mediante los cuales la humanidad evoluciona, aunque no deja de ser interesante como se puede mejorar de mentira en mentira. Me interesa hablar de lo que me parece que han sido los pocos momentos honestos de la humanidad, y resaltar el porque se produjeron y cuales fueron sus consecuencias.

En mi opinión la civilización occidental sólo tuvo dos momentos honestos en su historia (El resto de la humanidad no tuvo ninguno que yo conozca). Ellos fueron , la reforma protestante y el iluminismo. La primera significó el hartazgo de la clase dirigida hacia el doble estándar de los dirigentes y la segunda fue el único momento de la historia donde, al menos un pequeño grupo de gente se asoció para discutir sobre ese esquivo animal llamado verdad.

Ambas revoluciones terminaron muy mal; la reforma detonó una sangrienta guerra en Europa sostenida en la búsqueda del “bien superior” durante 30años. Y la segunda derivó en el endiosamiento de la razón, en la guillotina y en Napoleón.

De todas maneras y más allá de sus resultados más inmediatos, ambos momentos significaron la necesaria oxigenación de comunidades que estaban respirando demasiada realidad política y que ya no podían tragarse un sapo más.

El derrocamiento de todo el organum  estético del vaticano con el papa Medici, Leon X, a la cabeza por parte de Martín Lutero fue la necesaria cuota de verdad para una iglesia que ya había cruzado todas las barreras de la decencia (nepotismo, simonía, corrupción, etc). La caída del derecho divino de los dioses y la vuelta al reconocimiento de los gobiernos limitados significó el blanqueo de la inutilidad de una clase dirigente anquilosada y llena de privilegios pero sin ningún poder real.

Ambos hechos permitieron finalmente soluciones más reales aunque siempre de compromiso. Una religión más abierta y humana, Tanto la católica post concilio de Trento como la protestante. Y el advenimiento del individuo como ente igual y con derechos para la búsqueda de su felicidad.

Hoy nos encontramos en un momento muy parecido de la historia. La democracia está mostrando todas sus limitaciones. Quienes están en el poder no están sino detrás de los acontecimientos, la legitimidad del poder se encuentra cuestionada y las instituciones más importantes no son creíbles. El residuo de la voluntad popular no satisface ni permite gobernar, las comunicaciones trivializan al soberano y resulta más poderoso un mediático escandaloso que un jurista. Las mentiras más flagrantes se erigen como verdades intocables mientras lo obvio se impone por debajo de la mesa.

Los intelectales, herederos defensores de la verdad iluminista se han vendido al cinismo del poder y al individualismo más abyecto. No hay agentes de cambio intelectual. Todavía.

Los populismos que prosperan en todo el mundo son al siglo XXI, lo que los terrosistas fueron al siglo XX y lo anarquistas al siglo XIX; un síntoma a la falta de respuesta. Denuncian la hipocresía de una nomenclatura que ya no puede ocultar su caducidad y su corrupción, pero esa verdad, como toda denuncia, es negativa. No logra superar la enfermedad. Es diagnostico sin farmacopea.

Parece que fuera imposible para la humanidad superar sus enfermedades aplicando remedios conocidos. Precisa primero pasar por un periodo de estragos epidémicos para luego, con un costo nunca menor, simular que se ha aprendido algo.revolucinfrancesa[1]