“Ella era amable y él la amó. Él no era amable y ella no le amó.” (Tragedia popular citada por H. Heine)

Tanto se ha escrito sobre las razones y sinrazones del amor que ya es imposible ser original en este tema. Y no es que yo pretenda ser original, pero el asunto aparece demasiado gastado por todas sus aristas (está tan gastado que ya no tiene aristas). El lado romántico se refutó a sí mismo al no poder encontrar un final feliz que no se transforme en una deseperada lucha por el progreso económico, por alcanzar ‘el country’. Su única alternativa digna era el fracaso. Y el fracaso por más noble que éste sea, no es algo agradable.

El lado de los que conocen el “precio de todo y el valor de nada” tampoco avanzó mucho. Para el cínico, el amor era una enfermedad, una maldición o un extravío. Enamorarse significaba perder lucidez, rebajar la inteligencia a niveles de asignarle todas las virtudes al objeto amado. En definitiva, el amor es, sobre todo, una sublime estupidez.

Terminemos (y nos estamos olvidando de algunos matices importantes) con el bloque de los utilitarios. Estos creyeron encontrar la respuesta en una tautología: “La razon del amor se sostiene en que es útil, pues sirve para que la gente se case (ésta era una forma elegante de decir se aparee) y la especie siga su camino incierto”. Por supuesto, de ninguna manera se detuvieron a analizar el por qué, por ejemplo, un perro no necesita de amor para mantener a su especie. Pero esto los tenía sin cuidado. Además, una vez encontrada la proposición correcta era fácil adaptarla a los requerimientos de la realidad (por ejemplo; ¿quién dijo que los perros no se aman?).
Creo que quien estuvo más cerca de una respuesta fue La Rochefoucauld cuando dijo que muy poca gente se enamoraría si no hubiese oído hablar del amor. Se ama como se compra un LCD, un automóvil o un iphone; por imitación.

La mejor demostración de esta tesis se encuentra en como va cambiando el amor a lo largo de la historia y en como la mayoría de la gente se restringe a los aspectos externos del amor. Sufren de ilusión amorosa porque creen que es importante estar enamorado.

Pero como dije antes, esta idea es la que estuvo más cerca de una respuesta; pero todavía deja muchos cabos sueltos. El más importante desde mi punto de vista es que si en un país existe un millón de enamorados por imitación, debería existir uno al menos real (claro, siempre y cuando éste no sea un mentiroso que inventó la teoría del amor porque no tenía nada mejor que hacer con su vida). Lo que nos obligaría a plantearnos las causas del enamoramiento de este sujeto.

Como podemos ver las razones o sinrazones del amor no nos conducen a buen puerto. La mejor alternativa para analizar el amor parecería ser simplemente relajarse y sufrirlo cuando se sufre o disfrutarlo cuando se disfruta.

Terminemos con un buen pensamiento de Mariano José de Larra: “los sentimientos no se explican, se sienten”.