El anonimato y la responsabilidad social en la red

Posted by on Abr 7, 2011 in Blog, Política | 0 comments

Hace unos días leí un artículo en The Economist acerca los costos y los beneficios del anonimato en internet. Un sujeto anónimo tiene a su favor la impunidad que le otorga el estar moviéndose en la oscuridad. Puede decir lo que le venga en gana, insultar y agredir y quedar impune por su falta de conducta. La red ha llamado trolls, un derivado de trolling (pescar incautos), a quienes realizan estas prácticas disruptivas. El acoso de un troll es una experiencia bastante desagradable, quien lo haya vivenciado entenderá por qué mucha gente piensa que es algo parecido a un asalto físico y reclama tomar medidas para que se evite. El artículo ahonda en que la forma de evitar al troll es obligando a que se revele la identidad tal como Facebook lo hace. Luego reflexiona sobre los peligros que esto podría acarrear para la gente que se encuentra en situación de perseguido político en donde el anonimato es un requisito de supervivencia. Efectivamente, si sólo podemos exponer nuestras ideas revelando nuestra identidad el individuo se expone a la sanción no solo de la sociedad (lo cual podría ser atendible aunque también discutible) sino también se hace vulnerable a la persecusión, ya que le estaría brindando a los comisarios políticos de turno de toda la información que necesitan para reprimir  la libertad de expresión. Confieso que antes de leer el artículo, intuitivamente, tendía a ser más un partidario de obligar a proveer la identidad que a permitir el anonimato.  En definitiva, el pensamiento se encuentra unívocamente relacionado con la persona. Pero después de leerlo y reflexionar al respecto me he vuelto un ferviente defensor del anonimato en las redes sociales. Un disidente cubano o un rebelde libio serían presa fácil del aparato represivo del gobierno y  la red se podría transformar en la herramienta totalitaria más poderosa jamás inventada. Es cierto que los trolls son molestos. Yo mismo soy una víctima regular de estos agresores virtuales en serie que trabajan como un psicópata sobre nuestra cabeza. Pero las molestias que estos parásitos me causan no son nada comparable al peligro que se corre cuando uno se enfrenta al aparato estatal. La realidad es que hay trolls y trolls. Los hay buenos y los hay malos. Y el mecanismo para diferenciarlos no pasa por la regulación de la red ni por un formato supuestamente “transparente”. Pasa por una herramienta desarrollada por la sociedad desde hace mucho tiempo y que, aún hoy, es una gran herramienta para derrotar a la mentira: la reputación. Voy a dar un ejemplo intentando ser gráfico. En Twitter uno abre una cuenta anónima y empieza a interactuar en la red. El objetivo de ello es influenciar lo más posible dentro de...

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Ser Guapo

Posted by on Mar 28, 2011 in Blog, Literatura, Política | 0 comments

En la Argentina hay que ser guapo. Y no en el sentido que le tienden a dar los ibéricos a la palabra. Hay que guapear, hay que mostrarse capaz de las mayores audacias. Sólo así te respetan. No esperes solidaridad ni comprensión desde el respeto al otro. No esperes diálogo ni acuerdo. Todo eso son muestras de debilidad de quien, sabiéndose derrotado espera rescatar algo. Cualquier mano tendida debe ser interpretada como un pedido de clemencia. Por supuesto, para ser guapo es necesaria cierta “caja de herramientas”. Guapear en la soledad es lo más parecido a la eutanasia como espectáculo de masas. Hay que tener contactos para esquivar una justicia tuerta, hay que tener una fuerza de choque para amedrentar, hay que tener militancia (que palabra castrense para ser enunciada por un demócrata), hay que tener prensa propicia. Entonces sí se puede guapear. Ser el malevo del barrio. Ser el taura en la parada. Mirar alrededor con sonrisa gardeliana. Hablar del amor del pueblo rodeado de la seguridad de los matones. Entonces sí podemos decir “para el enemigo ni justicia” y para nosotros impunidad. Pero no confundamos, ser guapo no es ser valiente. Se parece mucho más a ese muchacho que le comentaba a su amigo sobre la pelea de tres muchachotes contra un viejito solitario. –“¿Y qué hiciste?”, le pregunta el amigo. -“No pude quedarme al margen –contesta el joven- lo molimos a golpes entre los cuatro.” Ser guapo, como se entiende la guapeza en la Argentina, es algo que se parece mucho, mucho a la cobardía....

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La ley de Say: un ejemplo de causalidad

Posted by on Mar 20, 2011 in Blog, Economía, Política | 0 comments

En el día de hoy mi amigo @ajlopez me dió a leer su post sobre Jean Baptiste Say y su famosa ley sobre el equilibrio macroeconómico. Me parece que el tema es más que oportuno ya que la discusión sobre la ley de Say tiene que ver con discusiones del orden de “esto provoca aquello o viceversa”, es decir qué cosas son causa y qué cosas efecto en la realidad. Esta discusión que puede parecer a primera vista demasiado abstracta, tiene una enorme importancia en cuanto a política pública y es de alguna manera la clave para entender qué buscan hacer los políticos cuando intervienen en economía. Fue John Maynard Keynes quien dijo que “los hombres prágmaticos que se creen exentos de toda influencia intelectual generalmente son esclavos de algún economista ya difunto. Los partidarios incontrolados de la autoridad, que escuchan voces etéreas, exudan su frenesí de algún escritozuelo universitario de unos años antes”. Una de las cosas interesantes de las críticas de Galbraith y Keynes a la ley de Say es que ellos refutan una ley que Say nunca estableció. Decir que la oferta equilibra “mágicamente” la demanda no es una formulación; simplemente es un sinsentido. La controversia sobre la ley de Say nace prácticamente junto a la ley.   Si alguien está interesado en profundizar sus distintos aspectos le recomiendo el libro “Reconsideraciones de economía clásica“de Thomas Sowell. Este libro desgrana la controversia y la interpretación que los clásicos hacían de su formulación. La ley de Say en economía clásica comprendía seis proposiciones importantes: 1. Los pagos totales de los factores que se reciben por producir un volumen dado (o valor) de producción son necesariamente suficientes para comprar ese volumen (o valor) de producción. 2. No hay pérdida de poder adquisitivo en ninguna parte de la economía, ya que la gente ahorra hasta el límite de su deseo de invertir y no atesora más dinero del que necesita para sus negocios en un período determinado. 3. La inversión es sólo una transferencia interna, no una reducción neta de la demanda agregada. La misma cantidad que podría haber gastado el consumidor económico la gastarán los capitalistas y/o los trabajadores en el sector de bienes de inversión. 4. En términos reales, la oferta iguala a la demanda ya que cada individuo produce solamente a causa de su demanda de otros bienes y hasta el límite de ella. (A veces se apoyaba a esta doctrina, demostrando que la oferta iguala a la demanda ex-post) 5. Una mayor proporción de ahorro provocará mayor proporción de crecimiento siguiente de la producción total. 6. El desequilibrio de la economía puede existir solamente cuando las proporciones internas del producto difieren de las proporciones preferidas por los consumidores, NO porque el producto...

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Un enemigo del pueblo

Posted by on Mar 6, 2011 in Blog, Literatura, Política | 2 comments

Probablemente no haya dramaturgo en la historia que haya enfrentado de una manera más valiente a la hipocresía de la sociedad como lo hizo Henrik Ibsen. Su obra es de lectura obligada para cualquier espíritu libre pues describe, de la manera más descarnada y cruda, lo que debe esperar un hombre que vive en sociedad y que aspira a pensar por sí mismo. No hubo negociación posible entre Ibsen y su época. Él vivió en carne propia la hipocresía de una madre religiosa e introvertida conviviendo con un padre un poco demasiado alegre. La quiebra familiar que sobrevino cuando él tenía sólo ocho años debió haber funcionado como un acto de justicia que buscaba darle coherencia a un mundo que no la tenía para nada. Para Ibsen la elección siempre era el camino más difícil. Como Tolstoi, en el sacrificio estaba la redención. Decidió vivir de sus obras, le fue muy difícil. Su primer trabajo, Catilina, no fue representada. Nótese que, ya su primer escrito, en su etapa romántica involucraba el dilema moral de un disoluto tratando de hacerse del poder. “Un enemigo del pueblo“ relata como un hombre honesto debe enfrentar a toda su sociedad cuando descubre que las aguas del balneario del pueblo, principal fuente de ingreso de sus habitantes, están contaminadas. Frente a esta realidad se manifiestan todos los monstruos que viven escondidos detrás de las buenas costumbres. Ya no hay amigos ni piedad. El pueblo entero intenta callarlo, ocultar la verdad y sobrevivir. La negación es la perfecta respuesta que da la sociedad frente a la crisis. Y la persecución al mensajero. A su vez, el protagonista adopta una actitud irreconciliable. La verdad no se negocia, es necesario decirlo todo, denunciar a la hipocresía y hundirse en la soledad. El telón cae con la idea rectora de Ibsen, “el hombre más fuerte del mundo es el que está más sólo“. Se conjetura que “Un enemigo del pueblo” tuvo su origen  en las terribles críticas que Ibsen sufrió por “Espectros“, una obra que bien podría representar el destino de los argentinos de los últimos 60 años. Fue prohibida el día de su estreno en Alemania y no fue representada en Noruega por 15 años. Era demasiada realidad para sociedades negadoras. “Espectros” es la historia de una familia cuya estructura moral está signada por la hipocresía, el padre alcohólico ha tenido una hija con la sirvienta, y la  madre religiosa lo tolera para mantener la estructura familiar. Finalmente el hijo hereda las conductas del padre y se acuesta con su media hermana frente al resignado sufrimiento de la madre. No hay solución en la negación de la realidad, sólo se profundiza la decadencia. La salida está en combatir la hipocresía y se enfrentar la maldad....

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Hobbes Recargado

Posted by on Dic 5, 2010 in Blog, Filosofía, Política | 0 comments

Es oficial; Hobbes se ha puesto de moda entre los jóvenes polítologos. No es que sorprenda ya que es un filósofo potente y atractivo, quizá más crudo que el viejo Nicola Macchiavello quien nunca abandonó totalmente su saudades por la república perdida. Y, por cierto, es muy oportuno para quienes gustan de justificar un accionar que sólo explique la búsqueda y concentración del poder. Lo que me viene extrañando es esta cosa que de llamarlo “filosófo político liberal”, ya que en esto me parece que se están pasando con el revisionismo. En cualquier momento Richellieu va a ser “el inventor de la economía de mercado” y Bismarck “un defensor de los derechos del hombre”. Y así ya casi explicamos cualquier cosa… Hobbes como Bodino antes y Bousset después son conservadores cuyo pensamiento se orienta a justificar un estado absoluto. Es cierto que de los tres, Hobbes es el más científico y de mejor lógica, pero su pensamiento se encuentra tan lejos del pensamiento liberal como el de Stalin o el de Mussollini. Toda la arquitectura argumentativa de Hobbes se origina en un miedo viseral a la guerra civil y a la anarquía. Frente a esta alternativa, muy real en su vida ya que pasó exilado en Francia los 11 años de lucha entre el parlamento y los Estuardo, justificó de manera notable el rol del estado: “…el arte del hombre… puede fabricar un animal artificial… Más aún: el arte puede imitar al hombre, esa obra maestra racional de la naturaleza. Pues obra del arte es, ciertamente ese gran Leviathan que se llama cosa pública o Estado (Commonwealth), en latín Civitas, y que no es otra cosa que un hombre artificial, aunque de una talla mucho más elevada y de una fuerza mucho mayor que las del hombre natural, para cuya protección y defensa ha sido imaginado. En él la soberanía es un alma artificial, puesto que da la vida y el movimiento al cuerpo entero… La recompensa y el castigo… son sus nervios. La opulencia y las riquezas de todos los particulares son su fuerza. Solus Populi, la salud del pueblo, es su función… la equidad y la leyes son para él una razón y una voluntad artificiales. La concordia es su salud; la sedición, su enfermedad, y la guerra civil, su muerte. los pactos y los contratos que, en el origen, presidieron a la constitución, a la agrupación y a la unión de las partes de este cuepo político se parecen a este fiat o hagamos al hombre que pronunció Dios en la creación”. Hobbes tiene una famosa frase en la que explica su tempramento tímido y prudente a partir de su nacimiento en el mismo momento en que la...

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La doble vida de China

Posted by on Nov 25, 2010 in Blog, Economía, Finanzas, Política | 2 comments

En los últimos días se ha escrito tanto sobre la cumbre del grupo de los 20 y sobre la supuesta “guerra de monedas” que me parece que amerita un intento de bajar todo esto al sentido común y hacer un pequeño aporte a la confusión general. Los países tienen una sola manera de aumentar sus ingresos, producir más. Pero esta producción tiene que cumplir con una pequeña regla de hierro, su costo tiene que ser inferior a su ingreso. Si esto no se cumple, no se crece, se decrece. Esto es lo que comunmente se conoce como competitividad. Un país puede ser competitivo si puede vender caro o si puede producir barato. En general los países ricos pertenecen al grupo de los que venden caro productos sofisticados y los países pobres son los que venden barato productos menos complejos. Los países pobres se dedican a esto porque como son pobres, el trabajo ofrecido por su población es barato y, en consecuencia sus costos son bajos. A medida que un país crece sus ingresos empiezan a aumentar y va perdiendo esta competitividad de país pobre; debiendo entonces, mejorar sus productos para poder competir como un país rico. Obviamente, esto es mucho más difícil, y algunos países fracasan, empobreciéndose nuevamente y reiniciando el procesos desde la nueva pobreza. El éxito es algo que nunca se compra con garantía. El fracaso siempre es algo traumático ya que nos enfrenta con nuestras limitaciones y nos obliga a aceptar la realidad por lo que sus consecuencias no siempre son la mejora sino que, a veces, son la negación, la caída en el populismo y la pérdida de libertades. Los primeros dos ejemplos de este proceso son Japón y Alemania. Ambos devastados después de la guerra le dieron un ejemplo al mundo de como ponerse de pie con esfuerzo y sacrificio. Ambos empezaron vendiendo productos muy baratos y fueron sustituyendo su producción por productos más sofisticados y con una mayor tecnología. Pero mientras Alemania aceptó el desafío de competir en un mundo global, Japón optó por cerrarse y controlar su mercado. La consecuencia fue una gran crisis de competitividad en Japón y un estancamiento que ya lleva 20 años. China comenzó este camino hace más de 30 años. Con la muerte de Mao Zedung y la entronización de Deng Xiaoping, se fue abriendo al mundo progresivamente y aprendiendo las reglas del juego del mercado global. Comerciantes por definición, los chinos conjugaron la agresividad natural del régimen comunista con las habilidades milenarias de los comerciante chinos. El resultado fue un extraordinario crecimiento económico y una producción de bienes sin precedentes en la historia. El crecimiento chino fue levantando temores e inquietudes a medida que iba demostrando...

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