Ozymandias

Posted by on Sep 19, 2014 in Blog, Literatura, Poesía | 0 comments

Ozymandias Percy Shelley   El sueño de perdurar. La necesidad de aterrar para callar los propios miedos. La vanidad que busca darle sentido a una vida que se descascara y se pierde en la arenas del tiempo. “Contemplen mis obras y desesperen!!” es casi el “Dejad toda esperanza” del Dante o el “Lo demás es silencio”de Shakespeare. Hasta el sol será olvidado algún día, todo lo que no se hace para el prójimo es pedantería. I met a traveller from an antique land Who said: “Two vast and trunkless legs of stone Stand in the desert. Near them on the sand, Half sunk, a shattered visage lies, whose frown And wrinkled lip and sneer of cold command Tell that its sculptor well those passions read Which yet survive, stamped on these lifeless things, The hand that mocked them and the heart that fed. And on the pedestal these words appear: `My name is Ozymandias, King of Kings: Look on my works, ye mighty, and despair!’ Nothing beside remains. Round the decay Of that colossal wreck, boundless and bare, The lone and level sands stretch far away”. *———————*****——————–* Conocí a un viajero de un antiguo país que dijo: «dos enormes piernas de piedra Están sin su tronco en el desierto …junto a ellas, en la arena, semihundido descansa un rostro hecho pedazos, cuyo ceño fruncido y mueca en la boca, y desdén de frío dominio,   cuentan que su escultor comprendió bien esas pasiones que todavía sobreviven, grabadas en la piedra inerte, a la mano que se mofó de ellas y al corazón que las alimentó. Y en el pedestal se leen estas palabras: Mi nombre es Ozymandias, rey de reyes: ¡Contemplad mis obras, oh poderosos, y desesperad! ”No queda nada a su lado. Alrededor de las ruinas de ese colosal naufragio, infinitas y desnudas de extienden las solitarias y llanas...

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El Exilio

Posted by on May 28, 2011 in Blog, Ficción, Literatura | 0 comments

Estoy solo y hace frío. Todas las cosas que me cuidaban, todo lo que me producía algún sentimiento, lo que amaba, lo que odiaba, lo que me aturdía, lo que me arrullaba; todo se ha ido y me ha negado. Estoy en tierra extraña pero siento que no soy yo el que se ha ido, son mis arropes. Me falta la seguridad de salir a la calle y saber donde está el peligro. Me pierdo en las las caras, los silencios, las hipocresías. Todo me parece trivial o inaccesible.  Nada tiene el matiz que da el entendimiento. Nuestra naturaleza es rara. Ignoramos lo cotidiano hasta el punto del desprecio pero lloramos su ausencia. Somos tan nuestro ambiente que hasta sus peores crímenes nos parecen deseables a la lejanía. Una palabra, un aroma, una imagen que nos lleva a nuestra tierra basta para conmovernos. Las palabras sobre lo nuestro sólo toman significado a la distancia y los motivos de alejamiento se mezclan con la amargura del resentimiento. La tristeza de estar lejos provoca infiernos y promesas geniales; produce llantos secos y fortalezas sin alma. La mayor lucidez se encuentra en el desierto donde todo es supervivencia. Y el mayor patriotismo lo esgrime quien a perdido su patria. No es estéril pensar por qué, para el antiguo, el exilio era peor que la muerte. El hombre es un sol que justifica su galaxia. Somos fuertes en nuestra casa pero somos una triste hoja tiritando en un patio trasero si nos falta la savia del arbol que nos da la vida. Estoy sólo y hace frío. Quienes me acompañan no son más que sombras lúgubres en este velorio de desesperanza. El puñal que me han clavado mis hermanos no duele menos por ser compartido y la orfandad no por vulgar es menos desolada. Hay dos cosas que me hacen recordar que estoy vivo. Dos cosas que dan toda la fuerza para enfrentar este porvenir: una es la lucidez de saber que todo pasa y que mis huesos no van a quedar en tierra extraña. La otra es la promesa de...

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Ser Guapo

Posted by on Mar 28, 2011 in Blog, Literatura, Política | 0 comments

En la Argentina hay que ser guapo. Y no en el sentido que le tienden a dar los ibéricos a la palabra. Hay que guapear, hay que mostrarse capaz de las mayores audacias. Sólo así te respetan. No esperes solidaridad ni comprensión desde el respeto al otro. No esperes diálogo ni acuerdo. Todo eso son muestras de debilidad de quien, sabiéndose derrotado espera rescatar algo. Cualquier mano tendida debe ser interpretada como un pedido de clemencia. Por supuesto, para ser guapo es necesaria cierta “caja de herramientas”. Guapear en la soledad es lo más parecido a la eutanasia como espectáculo de masas. Hay que tener contactos para esquivar una justicia tuerta, hay que tener una fuerza de choque para amedrentar, hay que tener militancia (que palabra castrense para ser enunciada por un demócrata), hay que tener prensa propicia. Entonces sí se puede guapear. Ser el malevo del barrio. Ser el taura en la parada. Mirar alrededor con sonrisa gardeliana. Hablar del amor del pueblo rodeado de la seguridad de los matones. Entonces sí podemos decir “para el enemigo ni justicia” y para nosotros impunidad. Pero no confundamos, ser guapo no es ser valiente. Se parece mucho más a ese muchacho que le comentaba a su amigo sobre la pelea de tres muchachotes contra un viejito solitario. –“¿Y qué hiciste?”, le pregunta el amigo. -“No pude quedarme al margen –contesta el joven- lo molimos a golpes entre los cuatro.” Ser guapo, como se entiende la guapeza en la Argentina, es algo que se parece mucho, mucho a la cobardía....

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Un enemigo del pueblo

Posted by on Mar 6, 2011 in Blog, Literatura, Política | 2 comments

Probablemente no haya dramaturgo en la historia que haya enfrentado de una manera más valiente a la hipocresía de la sociedad como lo hizo Henrik Ibsen. Su obra es de lectura obligada para cualquier espíritu libre pues describe, de la manera más descarnada y cruda, lo que debe esperar un hombre que vive en sociedad y que aspira a pensar por sí mismo. No hubo negociación posible entre Ibsen y su época. Él vivió en carne propia la hipocresía de una madre religiosa e introvertida conviviendo con un padre un poco demasiado alegre. La quiebra familiar que sobrevino cuando él tenía sólo ocho años debió haber funcionado como un acto de justicia que buscaba darle coherencia a un mundo que no la tenía para nada. Para Ibsen la elección siempre era el camino más difícil. Como Tolstoi, en el sacrificio estaba la redención. Decidió vivir de sus obras, le fue muy difícil. Su primer trabajo, Catilina, no fue representada. Nótese que, ya su primer escrito, en su etapa romántica involucraba el dilema moral de un disoluto tratando de hacerse del poder. “Un enemigo del pueblo“ relata como un hombre honesto debe enfrentar a toda su sociedad cuando descubre que las aguas del balneario del pueblo, principal fuente de ingreso de sus habitantes, están contaminadas. Frente a esta realidad se manifiestan todos los monstruos que viven escondidos detrás de las buenas costumbres. Ya no hay amigos ni piedad. El pueblo entero intenta callarlo, ocultar la verdad y sobrevivir. La negación es la perfecta respuesta que da la sociedad frente a la crisis. Y la persecución al mensajero. A su vez, el protagonista adopta una actitud irreconciliable. La verdad no se negocia, es necesario decirlo todo, denunciar a la hipocresía y hundirse en la soledad. El telón cae con la idea rectora de Ibsen, “el hombre más fuerte del mundo es el que está más sólo“. Se conjetura que “Un enemigo del pueblo” tuvo su origen  en las terribles críticas que Ibsen sufrió por “Espectros“, una obra que bien podría representar el destino de los argentinos de los últimos 60 años. Fue prohibida el día de su estreno en Alemania y no fue representada en Noruega por 15 años. Era demasiada realidad para sociedades negadoras. “Espectros” es la historia de una familia cuya estructura moral está signada por la hipocresía, el padre alcohólico ha tenido una hija con la sirvienta, y la  madre religiosa lo tolera para mantener la estructura familiar. Finalmente el hijo hereda las conductas del padre y se acuesta con su media hermana frente al resignado sufrimiento de la madre. No hay solución en la negación de la realidad, sólo se profundiza la decadencia. La salida está en combatir la hipocresía y se enfrentar la maldad....

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Reflexiones sobre la utilidad

Posted by on Feb 3, 2011 in Blog, Filosofía, Literatura | 1 comment

“Podrías hacer algo útil“. Esa era la frase obligada de mi madre cuando me veía tirado frente al televisor. Se puede decir que mi infancia fue un asedio a la necesidad de encontrar sentido a mi tiempo. Siempre justificando la real o imaginaria utilidad de lo que hacía. Hoy ya hecho un animal de edad provecta la utilidad sigue persiguiéndome con su mandato. Y para colmo de males, como buen economista la utilidad ha sido para mi vida la definición de lo que tiene valor frente a lo que no lo tiene. Carne de psicólogo. El problema más grave con la útilidad es que requiere, como fundamento “sine qua non” de un objetivo. De un sentido de la vida. Sin ese sentido no podemos saber qué es útil y qué es inútil. ¿Útil o inutil para qué? Es cierto que la naturaleza nos provee de una respuesta más o menos obvia y evidente. Estamos para durar, como las plantas, los animales y los planetas; nacemos, transitamos y morimos. Algunos más afortunados también nos reproducimos. También están los religiosos que sostienen que todo esto se encuentra dentro de un plan divino. Todos ellos pueden encontrar más o menos justificable la útilidad de sus acciones. Pero qué pasa cuando los objetivos cambian. Todo nuestro pasado pasa a ser una pérdida de tiempo. ¿Un matrimonio fallido o un empleo que nos aburre hace que nuestra vida no valga la pena? Tengo la sospecha de que mi vida no requería de ninguna racionalización para ser lo que iba a ser. Algo así como un determinismo darwiniano me dice que los objetivos son mucho más profundos que la representación de los objetivos que permanentemente verbalizamos. Almafuerte decía que todo era victoria porque nunca podríamos vivir una vida diferente a la que efectivamente vivimos. Será por eso me gustó tanto el speech de Jobs en Stanford (http://www.youtube.com/watch?v=6zlHAiddNUY ). No deberíamos preguntarnos por la útilidad de nuestros actos, simplemente confiar en que los puntos que dejamos en la vida se van a conectar de alguna manera y tendrán sentido. Jeremy Bentham http://es.wikipedia.org/wiki/Jeremy_Bentham, fundador del utilitarismo, molesto por el presaico nombre que le habían asignado a su movimiento, pensó en cambiarlo por Felicitarismo. Lo útil es lo que nos hace felices. Nadie muere por las cosas útiles. Tenemos la necesidad de dar la vida absurdamente. Es la reafirmación del ‘nonsense’ de la existencia. Morir inútilmente una vida sin sentido es la única forma de...

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Bajo los Olmos

Posted by on May 8, 2010 in Blog, Literatura | 0 comments

Hoy a la mañana, charlando con el bueno de A. J. López (http://ajlopez.zoomblog.com/) no se como surgió el tema del suicidio y de H. L. Mencken. Me comprometí con Ángel a transcribirle el artículo que, creo no está en castellano en internet y cuyo libro data de 1971. La traducción es de Eduardo Goligorsky (Ediciones Granica) y si lo quieren en inglés, está publicado en “A Mencken Chrestomathy” (Vintage Books). Les paso también un muy interesante artículo sobre él escrito por Murray N. Rothbard http://www.lewrockwell.com/rothbard/rothbard19.html. Finalmente, lo que Borges dijo de Mencken: “Suelo preguntar y preguntarme: ¿Sería concebible en este país un H. L. Mencken, un aclamado especialista en el arte de calumniar y de vituperar al país? Me parece que no. El patriotismo, el seudopatriotismo argentino es una pobre cosa que está a merced de un epigrama casual, de un puntapié montevideano o del puño izquierdo de Demsey. Una sonrisa, un inocente olvido nos duelen. La popularidad de Mencken es obra de su denigración pertinaz de Estados Unidos; un Mencken argentino -con éxito- es inimaginable”. Bajos Los Olmos (1927) H. L. MenckenA comienzos de 1927 hubo varios suicidios en los campus universitarios, y los diarios les dieron un énfasis melodramático, procurando demostrar que se trataba de una epidemia. Varios pedagogos alarmados apoyaron la campaña, y uno de ellos, el doctor John Martin Thomas, presidente de Rutgers, declaró al Times de Trenton, Nueva Jersey, que la causa era un “exceso de Mencken”. El Times me preguntó qué opinaba al respecto, y le envié la nota que sigue: “Thomas, pastor presbiteriano metido a pedagogo, fue presidente de Rutgers desde 1925 hasta 1930. Renunció para dedicarse al negocio de los seguros” No veo nada misterioso en estos suicidios. El impulso de autodestrucción acompaña por naturaleza al proceso educacional. Todo estudiante avispado decide amargamente, en uno u otro momento de su carrera universitaria, que sería más sensato morir que continuar viviendo. Yo me eximí de las humillaciones intelectuales de la educación universitaria, pero en los últimos años de mi adolecencia, cuando empecé a vislumbrar gradualmente la verdad, resolví en más de una oportunidad que la muerte era preferible a la vida. A esa edad el sentido del humor está en baja. Más tarde, merced a los misteriosos designios de la providencia divina, se recupera. ¿Qué es lo que mantiene vivo a un hombre meditabundo y escéptico? Sospecho que en buena parte es el sentido del humor. Pero a esto suma la curiosidad. La existencia del hombre es siempre irracional y a menudo dolorosa, pero en última instancia sigue siendo interesante. Uno quiere saber qué es lo que ocurrirá el día siguiente ¿La dama del vestido malva será más gentil que hoy? Estos...

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