Tocqueville y Pareto

Posted by on Jun 7, 2014 in Blog, Filosofía, General, Política | 1 comment

Conflictos y armonías diría Sarmiento. El noble conde francés relator del nacimiento de la democracia parece tener poco en común con el noble marqués italiano que emitió su certificado de defunción. El éxito de Tocqueville fue temprano y fulgurante, tenía 28 años cuando, en 1835, publicó su “Democracia en América”, el libro que lo catapultó de manera inmediata como el filósofo político de su época. Todos los partidos lo querían de su lado y todos los países se sentían honrados con su presencia. Fue nombrado miembro de la academia francesa de ciencias políticas y morales en 1841 sin haber cumplido los 36 años. La trayectoria de Pareto fue, por amplio margen, menos ruidosa. Ingeniero empleado en la industria donde trabajó durante 25 años, termina su carrera empresaria como Director General  de la “Italian Iron Works”. En 1893 es elegido para suceder a León Walras en la Universidad de Lausana. Tenía entonces 45 años y hasta ese momento no había publicado ninguna de sus obras. A pesar de que las diferencias no podrían ser mayores, siempre me ha llamado la atención que nadie haya marcado los puntos salientes entre el demócrata liberal y el liberal anti-demócrata. Entre otras cosas porque son muchas. La infancia de Tocqueville, miembro de la más antigua nobleza normanda, se desarrolla luego de la caída de la monarquía absoluta francesa,  durante la gran marcha napoleónica por Europa y la metamorfosis del sueño democrático en el imperio bonapartista. La infancia de Pareto se vio signada por el risorgimento italiano y la fiebre irredentista que se esparcía por la península durante esos años. Tanto Tocqueville como Pareto sentían un natural desprecio por la “bourgeoisie ignorante e lâche” (la burguesía ignorante y cobarde). Esto llevó al primero a juzgar de manera implacable al gobierno de “clase media” y nobleza segundona de Luis Felipe de Orleans y a adherir sin vacilar a la República en 1848.  Pareto nunca ocultó su decepción frente a la corrupción e ineptitud que desplegaba el cotillón de la democracia parlamentaria de entre guerras, cuya parálisis llamaba a la vez a la anarquía y a la tiranía. Esa actitud agria e hiperrealista llevó a muchos a asociarlo a Sorel y a los precursores del fascismo. Ninguno de los dos fueron hombres de partido, por lo que ambos fueron interpretados por cada sector de la política de su época que abrevó de alguna manera en sus teorías. Ambos fueron precursores del análisis social dinámico. Alexis de Tocqueville nos describe a la nobleza despojada de poder por el príncipe construyendo envidias y resentimientos en la burguesía. “Cuando se ha abandonado la realidad del poder, resulta un juego peligroso querer conservar las apariencias del mismo”. La dinámica política del absolutismo vacía de contenido a la nobleza y prepara...

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Los Presocrátricos (el universo piensa II)

Posted by on Ene 16, 2014 in Blog, Filosofía, General | 0 comments

“Sócrates considerado como adversario de la tragedia, como disolvente de los instintos del arte, de los instintos demoníacos y profilacticos”: el socratismo, como el gran desconocimiento de la vida y del arte: la moral, la dialéctica, la moderación del hombre teórico son consideradas como formas de cansancio: la famosa serenidad griega no es más que una puesta de sol… las razas fuertes, mientras poseen abundancia de fuerza, tienen el valor de ver las cosas como son: trágicamente… Para ellas el arte es más que una diversión y un recreo: es una cura…” Federico Nietzsche En este post quiero citar un ensayo póstumo de Federico Nietzsche contemporáneo a su “El Origen de la Tragedia”, su primer obra (1863). En el mismo, Nietzsche relata la evolución de la filosofía griega desde Tales de Mileto hasta Anaxágoras. Existen borradores que permiten inferir que tenía planeado incorporar a Empedocles y a Demócrito pero el escrito termina formalmente en Anaxágoras. La primera consideración importante es por qué dividir a la filosofía griega en pre y post socrática. “El que quisiera significar algo desfavorable contra aquellos viejos maestros podría llamarlos unilaterales, y a sus epígonos, con Platón a la cabeza, plurilaterales. Pero sería más certero e imparcial llamar a los últimos mestizos y considerar a los primeros como tipos puros”. Ellos ya se plantean como principal problema filosófico el origen de universo. Pero lo encaran desde la naturaleza, desde la “Fisis”. Aún un empirista como Heráclito que niega el ser o un lógico como Parménides que niega la realidad no consideraban al hombre como algo distinto del resto de la naturaleza. Incluso en la arquitectura más compleja de Anaxágoras, el “Nous” (Pensamiento) es una partícula que existe antes del hombre y cuyo atributo principal es el libre albedrío, como su capacidad creadora y ordenadora. “En todo caso, el “Nous” era también una substancia en sí, y fue caracterizada por él (Anaxágoras) como una materia más fina, dotada de la cualidad específica de pensar. Dado éste su caracter, efectivamente, la acción de esta materia sobre la otra materia debía ser de la misma naturaleza que el que ejerce una substancia sobre otra, esto es, una acción mecánica que mueve por la presión y el choque”. Para Nietzsche, la explicación original de los presocráticos no tienen una raiz religiosa, metafisica o finalista. No es antropomórfica. “Toda esta gran concepción es de una audacía y sencillez admirables, y no tiene nada de aquella torpeza y de aquella teleología antropomorfista que habitualmente se atribuye a Anaxágoras. Su grandeza y su arrogancia consisten precisamente en que del movimiento circular deriva todo el cosmos del devenir, mientras que Parménides concebía al verdadero ser como una bola en reposo, muerta. Una vez puesto...

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Lo que no va a cambiar

Posted by on Dic 23, 2013 in Blog, Filosofía, General, Política | 0 comments

Los políticos no pueden resistir un micrófono, los artistas un halago y los economistas no pueden resistirse a hacer pronósticos. Hacer pronósticos  es lo que más conmueve a los economistas; de hecho es lo único que los conmueve. Para un economista un pronóstico del futuro es lo que más se le parece a un gesto de bondad. Será por eso que lo llaman la ciencia sombría. Pronóstico y escenarios son la razón de nuestra existencia y, el 2014 con la cuota de incertidumbre que nos deja el 2013, aparece como el año más propicio para pronosticar. Y si eso es lo que hay que hacer; pronostiquemos. La mejor inspiración para realizar un correcto oráculo del año por venir en la Argentina se logra paseando tranquilamente por la calle Florida. La naturaleza artificial de esa calle tan identificada con nuestro devenir económico grita desde las baldosas lo que se viene: Cambio! Cambio! Cambio! Pero de qué cambio hablamos cuando hablamos del cambio? En este perfecto remedo de Lampedusa donde la principal herramienta de supervivencia es olfatear el cambio para que nada cambie, que el cambio esté de moda es una garantía de que vamos a seguir como siempre. Camino por la calle Florida al compás de este “cambio, cambio” tan cantado como mecánico que me acompaña una cuadra sí y la otra también y mis pensamientos se estancan en esta Argentina donde el cambio es una ilusión. “El mejor país del mundo”, “Un país con buena gente” donde hasta hace unas semanas eramos los más ricos de Latinoamérica y donde dentro de un par de semanas podemos tener el salario promedio más bajo de la región. El cambio es nuestro destino pero repetimos nuestra historia de manera freudiana desde 1810. Somos Lampedusa reloaded. “Usted es un caballero Chevalleyn y, considero una suerte haberlo conocido. Tiene usted razón en todo. Se ha equivocado solamente cuando ha dicho “los sicilianos quieren mejorar”. Quiero contarle una anécdota personal. Dos o tres días antes de que Garibaldi entrase en Palermo me fueron presentados algunos oficiales de la marina inglesa que se hallaban de servicio en esos buques anclados en la rada para observar los acontecimientos. Habían sabido, no sé cómo que yo poseía una casa junto al mar con un terrado desde el cual se veía todo el círculo de montes que rodea la ciudad. Me pidieron permiso para visitar la casa, contemplar aquel panorama en el que se decía que actuaban los garibaldinos y del cual, desde sus barcos, no podían tener una clara idea. De hecho, Garibaldi estaba ya en Gibilrossa. Vinieron a casa, los acompañé al terrado; eran ingenuos jovenzuelos a pesar de sus patillas rojizas. Quedaronse extasiados ante el panorama...

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