La verdad en tiempos de post

Posted by on Oct 18, 2017 in Blog, Filosofía, Política | 0 comments

Libertad de oratoria. “Es preciso decir la verdad aunque el mundo se quiebre en mil pedazos”. Así exclamaba con su gran boca el gran Fichte. ¡Muy bien! ¡Pero antes habría que poseer esta verdad! Pero el pretende que cada cual debería exponer su opinión aun cuando la confusión se adueñase de nosotros. Esto ya me parece al menos discutible. Federico Nietzsche, Aurora, libro IV, 353 ¿Qué es la verdad?¿Importa la verdad?¿Son todas las supuestas verdades meramente opiniones?¿Todas las opiniones valen lo mismo?¿Tiene sentido la búsqueda de la verdad? El mundo se ha vuelto en algún sentido muy complejo. La explicaciones científicas son inentendibles para el vulgo y eso hace surgir argumentos fáciles de digerir pero faltos de rigurosidad y, en muchos casos, lisa y llanamente falsos. Lo mismo pasa con la política, la cual por cierto nunca ha sido muy afecta a la verdad. La realidad se ha puesto espesa y requiere de relatos que la licuen y la hagan mas digerible. Sospecho que política y ciencia han entrado en un estadio de mandarinismo hermético con el objetivo de ocultar las propias contradicciones y su mala conciencia.  Esto, como los asesinos que al ocultar su crimen deben seguir matando, ha desencadenado un boom de religiones que se postulan para derrocar a las viejas, gastadas y faltas de respuestas. Obviamente, entre la sobre oferta emergente y la oficiales hay un tema de legitimidad a favor de la últimas. Pero la humanidad ya ha visto morir dioses y cambiar sistemas por lo que va a seguir inmutable entre alaridos en un derrotero de ensayos y errores afirmando verdades inmutables que mañana serán supersticiones. Ser escéptico, obviamente nunca ha sido un trabajo bien remunerado. Son sujetos sin amigos que todo el tiempo andan encontrando defectos en cada cosa. Y para colmo la mayoria de las veces lo disfrutan. Hoy en día los dueños de cada verdad;  sea esta postmoderna, etimológica o aluvial; se arrancan los ojos entre ellos acusando de mentiroso y mal intencionado al otro.  Sin respeto a la opinión ajena y sin tolerancia la error. Pero se unen con amor fraterno para crucificar al que duda, al que confiesa impenitente que no sacraliza su causa; al que simplemente sonríe sarcásticamente frente al hombre de fe que deposita todo el sentido de la vida en la certeza de un albur. Lo único que evita que volvamos a los tiempos de la inquisición o del pogrom o de la persecución a los cristianos o de lo que sea que el buen hombre de fe sienta que es injusto (porque todo lo demás está justificado) es el escepticismo. La creencia limitada, condicional, sujeta a refutación del escéptico es la que salva a todos los...

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Los momentos honestos de la humanidad

Posted by on Mar 17, 2016 in Blog, Filosofía, Política | 0 comments

La humanidad como ente colectivo nunca ha sido honesta. Al menos desde que empieza a guardar memoria a través de la escritura. La verdad siempre ha resultado un subproducto derivado, en el mejor de los casos de la utilidad, en el peor de la necesidad. Los códigos desde Hamurabi hasta Napoleón han sido mecanismos de dominación flexibles al poder y eficientes para el adiestramiento de las masas. Nadie está dispuesto a sostener que la fuente de la legitimidad es el poder ejercido durante el tiempo suficiente de modo de hacerse costumbre. Son necesarios artificios filosóficos tales como pertenecer a los pueblos originarios (Aupatridas, Patricios), poseer distinta naturaleza (los despotismos orientales como los Egipcios y los Persas), que el poder emane de dios (Monarquías absolutas) o de la voluntad popular (Despotismos populistas y democracias). Nada de esto es verdad, si fuera así se impondrían naturalmente pero no, las excepciones son más numerosas que la regla. Y los distintos regímenes van y vienen envueltos en el caos. Pareto llamaba a estos artificios, Residuos; es decir, prejuicios sociales que permiten que la sociedad se mantenga compacta. Cada uno de estos residuos es sustituido generación a generación por otros mitos ya que las mentiras van perdiendo lustre pero nunca es sustituida por la verdad. Es por eso que, generalmente, los defensores de los mitos que se están yendo son personas mayores y quienes luchan por los mitos nuevos son los jóvenes. Ambrose Bierse lo ponía en estos términos: “Conservador es la persona enamorada de los males actuales en contraposición al liberal que quiere sustituirlos por otros males”. Por eso los viejos siempre parecen que están recitando un montón de platitudes sin sentido y que la historia los dejó detrás. Los viejos de ayer, de hoy y de siempre. La humanidad se miente y se traga sus mentiras a veces hasta con gusto. Al fin y al cabo, si la mentira te va a dar de comer mejor que la verdad, la verdad no resulta demasiado valiosa. Una digresión importante que es necesario hacer, se refiere a la irónica exaltación de la verdad que realiza la humanidad tan sólo para sepultarla. La verdad es tan poderosa que puede resistir cualquier debate, de allí su propia definición. Si requiere de armas, castigos y cárceles para sostenerla, ya no es más verdad. Sin embargo la humanidad se la pasa matando en nombre de la verdad y defendiendo sus propias mentiras agonizantes. No me interesa profundizar en estos mecanismos mediante los cuales la humanidad evoluciona, aunque no deja de ser interesante como se puede mejorar de mentira en mentira. Me interesa hablar de lo que me parece que han sido los pocos momentos honestos de la humanidad, y resaltar el porque se produjeron...

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Tocqueville y Pareto

Posted by on Jun 7, 2014 in Blog, Filosofía, General, Política | 1 comment

Conflictos y armonías diría Sarmiento. El noble conde francés relator del nacimiento de la democracia parece tener poco en común con el noble marqués italiano que emitió su certificado de defunción. El éxito de Tocqueville fue temprano y fulgurante, tenía 28 años cuando, en 1835, publicó su “Democracia en América”, el libro que lo catapultó de manera inmediata como el filósofo político de su época. Todos los partidos lo querían de su lado y todos los países se sentían honrados con su presencia. Fue nombrado miembro de la academia francesa de ciencias políticas y morales en 1841 sin haber cumplido los 36 años. La trayectoria de Pareto fue, por amplio margen, menos ruidosa. Ingeniero empleado en la industria donde trabajó durante 25 años, termina su carrera empresaria como Director General  de la “Italian Iron Works”. En 1893 es elegido para suceder a León Walras en la Universidad de Lausana. Tenía entonces 45 años y hasta ese momento no había publicado ninguna de sus obras. A pesar de que las diferencias no podrían ser mayores, siempre me ha llamado la atención que nadie haya marcado los puntos salientes entre el demócrata liberal y el liberal anti-demócrata. Entre otras cosas porque son muchas. La infancia de Tocqueville, miembro de la más antigua nobleza normanda, se desarrolla luego de la caída de la monarquía absoluta francesa,  durante la gran marcha napoleónica por Europa y la metamorfosis del sueño democrático en el imperio bonapartista. La infancia de Pareto se vio signada por el risorgimento italiano y la fiebre irredentista que se esparcía por la península durante esos años. Tanto Tocqueville como Pareto sentían un natural desprecio por la “bourgeoisie ignorante e lâche” (la burguesía ignorante y cobarde). Esto llevó al primero a juzgar de manera implacable al gobierno de “clase media” y nobleza segundona de Luis Felipe de Orleans y a adherir sin vacilar a la República en 1848.  Pareto nunca ocultó su decepción frente a la corrupción e ineptitud que desplegaba el cotillón de la democracia parlamentaria de entre guerras, cuya parálisis llamaba a la vez a la anarquía y a la tiranía. Esa actitud agria e hiperrealista llevó a muchos a asociarlo a Sorel y a los precursores del fascismo. Ninguno de los dos fueron hombres de partido, por lo que ambos fueron interpretados por cada sector de la política de su época que abrevó de alguna manera en sus teorías. Ambos fueron precursores del análisis social dinámico. Alexis de Tocqueville nos describe a la nobleza despojada de poder por el príncipe construyendo envidias y resentimientos en la burguesía. “Cuando se ha abandonado la realidad del poder, resulta un juego peligroso querer conservar las apariencias del mismo”. La dinámica política del absolutismo vacía de contenido a la nobleza y prepara...

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Los Presocrátricos (el universo piensa II)

Posted by on Ene 16, 2014 in Blog, Filosofía, General | 0 comments

“Sócrates considerado como adversario de la tragedia, como disolvente de los instintos del arte, de los instintos demoníacos y profilacticos”: el socratismo, como el gran desconocimiento de la vida y del arte: la moral, la dialéctica, la moderación del hombre teórico son consideradas como formas de cansancio: la famosa serenidad griega no es más que una puesta de sol… las razas fuertes, mientras poseen abundancia de fuerza, tienen el valor de ver las cosas como son: trágicamente… Para ellas el arte es más que una diversión y un recreo: es una cura…” Federico Nietzsche En este post quiero citar un ensayo póstumo de Federico Nietzsche contemporáneo a su “El Origen de la Tragedia”, su primer obra (1863). En el mismo, Nietzsche relata la evolución de la filosofía griega desde Tales de Mileto hasta Anaxágoras. Existen borradores que permiten inferir que tenía planeado incorporar a Empedocles y a Demócrito pero el escrito termina formalmente en Anaxágoras. La primera consideración importante es por qué dividir a la filosofía griega en pre y post socrática. “El que quisiera significar algo desfavorable contra aquellos viejos maestros podría llamarlos unilaterales, y a sus epígonos, con Platón a la cabeza, plurilaterales. Pero sería más certero e imparcial llamar a los últimos mestizos y considerar a los primeros como tipos puros”. Ellos ya se plantean como principal problema filosófico el origen de universo. Pero lo encaran desde la naturaleza, desde la “Fisis”. Aún un empirista como Heráclito que niega el ser o un lógico como Parménides que niega la realidad no consideraban al hombre como algo distinto del resto de la naturaleza. Incluso en la arquitectura más compleja de Anaxágoras, el “Nous” (Pensamiento) es una partícula que existe antes del hombre y cuyo atributo principal es el libre albedrío, como su capacidad creadora y ordenadora. “En todo caso, el “Nous” era también una substancia en sí, y fue caracterizada por él (Anaxágoras) como una materia más fina, dotada de la cualidad específica de pensar. Dado éste su caracter, efectivamente, la acción de esta materia sobre la otra materia debía ser de la misma naturaleza que el que ejerce una substancia sobre otra, esto es, una acción mecánica que mueve por la presión y el choque”. Para Nietzsche, la explicación original de los presocráticos no tienen una raiz religiosa, metafisica o finalista. No es antropomórfica. “Toda esta gran concepción es de una audacía y sencillez admirables, y no tiene nada de aquella torpeza y de aquella teleología antropomorfista que habitualmente se atribuye a Anaxágoras. Su grandeza y su arrogancia consisten precisamente en que del movimiento circular deriva todo el cosmos del devenir, mientras que Parménides concebía al verdadero ser como una bola en reposo, muerta. Una vez puesto...

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Juventud divino tesoro

Posted by on Ene 14, 2014 in Blog, Filosofía | 3 comments

Nel mezzo del cammin di nostra vita (En la mitad del camino de nuestra vida) mi ritrovai per una selva oscura (Me perdí en una selva oscura) ché la diritta via era smarrita. (Por haberme separado del camino recto) Ahi quanto a dir qual era è cosa dura (Ah! Qué penoso es contar  lo duro) esta selva selvaggia e aspra e forte (Salvaje, espesa y aspera que era esta selva) che nel pensier rinova la paura! (que de sólo pensarlo renueva el miedo) Dante Aligheri, La Divina Comedia Probablemente Dante no fue el primero en echarle un vistazo al infierno después de pasar por una juventud agitada. San Agustín de Hipona , Siddharta Gautama (Buda), Mahoma  llegan a la madurez atravesando una mocedad aventurera y un poco pecaminosa. Y es que la juventud no es un período de reflexión, es una época de acción y disfrute donde el cuerpo responde adecuadamente a todas las exigencias de nuestros apetitos. Cuando somos jóvenes, si somos sanos, somos como dioses indestructibles y curiosos. Llenos de energía y hambrientos de verdades absolutas nos lanzamos al mundo buscando imponer nuestra novedad. Somos fuerza, movimiento y dirección apuntando al reconocimiento de los que ya está, construyendo nuestra legitimación. Y el tiempo pasa, y nuestra fuerza, alimentada de sonido y furia, saciada en derrotas amargas y en victorias inútiles y momentáneas empieza a mostrarse más humana. Ya no es simplemente el placer de blandir espadas (Cualquiera sea su naturaleza). Empezamos a preguntarnos por qué y a disfrutar de la disciplina del resultado con menor esfuerzo, de la técnica elegante, del diálogo. Empezamos a vernos cerca de la cima de nuestra montaña y como Sísifo, intuimos lo que viene. Nos ponemos sentimentales. El legado, la ternura y la descendencia empiezan a ocupar el lugar que antes ocupaba la dureza y la valentía. El legado desplaza a la gloria y, el saber demasiado construye cataratas sobre nuestra curiosidad. No es que los apetitos desaparezcan, es que se sacian de manera diferente. No es que no disfrutemos de la vida, es que la dulzura pura empalaga si no se le agrega el sabor amargo que da la inteligencia. Y está el temita de la carne. Max Frish hace comentar a su Homo Faber:”Todo el cuerpo humano es así; como construcción, no está mal, pero como material, un fracaso: la carne no es un material, sino una maldición.” Es la “canción de otoño en primavera” de Ruben Dario; “Juventud divino tesoro ya te vas para no volver Cuando quiero llorar no lloro y a veces lloro sin...

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Lo que no va a cambiar

Posted by on Dic 23, 2013 in Blog, Filosofía, General, Política | 0 comments

Los políticos no pueden resistir un micrófono, los artistas un halago y los economistas no pueden resistirse a hacer pronósticos. Hacer pronósticos  es lo que más conmueve a los economistas; de hecho es lo único que los conmueve. Para un economista un pronóstico del futuro es lo que más se le parece a un gesto de bondad. Será por eso que lo llaman la ciencia sombría. Pronóstico y escenarios son la razón de nuestra existencia y, el 2014 con la cuota de incertidumbre que nos deja el 2013, aparece como el año más propicio para pronosticar. Y si eso es lo que hay que hacer; pronostiquemos. La mejor inspiración para realizar un correcto oráculo del año por venir en la Argentina se logra paseando tranquilamente por la calle Florida. La naturaleza artificial de esa calle tan identificada con nuestro devenir económico grita desde las baldosas lo que se viene: Cambio! Cambio! Cambio! Pero de qué cambio hablamos cuando hablamos del cambio? En este perfecto remedo de Lampedusa donde la principal herramienta de supervivencia es olfatear el cambio para que nada cambie, que el cambio esté de moda es una garantía de que vamos a seguir como siempre. Camino por la calle Florida al compás de este “cambio, cambio” tan cantado como mecánico que me acompaña una cuadra sí y la otra también y mis pensamientos se estancan en esta Argentina donde el cambio es una ilusión. “El mejor país del mundo”, “Un país con buena gente” donde hasta hace unas semanas eramos los más ricos de Latinoamérica y donde dentro de un par de semanas podemos tener el salario promedio más bajo de la región. El cambio es nuestro destino pero repetimos nuestra historia de manera freudiana desde 1810. Somos Lampedusa reloaded. “Usted es un caballero Chevalleyn y, considero una suerte haberlo conocido. Tiene usted razón en todo. Se ha equivocado solamente cuando ha dicho “los sicilianos quieren mejorar”. Quiero contarle una anécdota personal. Dos o tres días antes de que Garibaldi entrase en Palermo me fueron presentados algunos oficiales de la marina inglesa que se hallaban de servicio en esos buques anclados en la rada para observar los acontecimientos. Habían sabido, no sé cómo que yo poseía una casa junto al mar con un terrado desde el cual se veía todo el círculo de montes que rodea la ciudad. Me pidieron permiso para visitar la casa, contemplar aquel panorama en el que se decía que actuaban los garibaldinos y del cual, desde sus barcos, no podían tener una clara idea. De hecho, Garibaldi estaba ya en Gibilrossa. Vinieron a casa, los acompañé al terrado; eran ingenuos jovenzuelos a pesar de sus patillas rojizas. Quedaronse extasiados ante el panorama...

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