El Exilio

Posted by on May 28, 2011 in Blog, Ficción, Literatura | 0 comments

Estoy solo y hace frío. Todas las cosas que me cuidaban, todo lo que me producía algún sentimiento, lo que amaba, lo que odiaba, lo que me aturdía, lo que me arrullaba; todo se ha ido y me ha negado. Estoy en tierra extraña pero siento que no soy yo el que se ha ido, son mis arropes. Me falta la seguridad de salir a la calle y saber donde está el peligro. Me pierdo en las las caras, los silencios, las hipocresías. Todo me parece trivial o inaccesible.  Nada tiene el matiz que da el entendimiento. Nuestra naturaleza es rara. Ignoramos lo cotidiano hasta el punto del desprecio pero lloramos su ausencia. Somos tan nuestro ambiente que hasta sus peores crímenes nos parecen deseables a la lejanía. Una palabra, un aroma, una imagen que nos lleva a nuestra tierra basta para conmovernos. Las palabras sobre lo nuestro sólo toman significado a la distancia y los motivos de alejamiento se mezclan con la amargura del resentimiento. La tristeza de estar lejos provoca infiernos y promesas geniales; produce llantos secos y fortalezas sin alma. La mayor lucidez se encuentra en el desierto donde todo es supervivencia. Y el mayor patriotismo lo esgrime quien a perdido su patria. No es estéril pensar por qué, para el antiguo, el exilio era peor que la muerte. El hombre es un sol que justifica su galaxia. Somos fuertes en nuestra casa pero somos una triste hoja tiritando en un patio trasero si nos falta la savia del arbol que nos da la vida. Estoy sólo y hace frío. Quienes me acompañan no son más que sombras lúgubres en este velorio de desesperanza. El puñal que me han clavado mis hermanos no duele menos por ser compartido y la orfandad no por vulgar es menos desolada. Hay dos cosas que me hacen recordar que estoy vivo. Dos cosas que dan toda la fuerza para enfrentar este porvenir: una es la lucidez de saber que todo pasa y que mis huesos no van a quedar en tierra extraña. La otra es la promesa de...

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Madres solas de clase media.

Posted by on Dic 28, 2009 in Blog, Ficción, Literatura | 4 comments

Escrito al estilo Thomas de Quincey El siguiente es un ensayo elaborado por el controvertido sociólogo suizo Alejo Seppey en el cual intenta realizar una prospectiva de las estructuras sociales futuras.- Un reciente informe de una consultora norteamericana llama la atención sobre el incremento de madres solteras mayores de 25 años y con un ingreso consolidado. Este dato arroja cierta duda sobre la evolución del concepto tradicional de familia y sobre el viejo paradigma de la madre soltera como “la costurerita que dio aquel mal paso”. Al parecer un segmento creciente de mujeres profesionales, exitosas y heterosexuales está eligiendo de manera libre y voluntaria el construir una familia sin marido. La pregunta es, ¿es éste un comportamiento racional o forma parte de uno de los tantos ‘cul de sac’ que la madre naturaleza le hace recorrer regularmente a sus criaturas? En mi opinión, éste es un comportamiento perfectamente racional. Es más, es una actitud que guarda una total coherencia con lo que, yo creo, es la tendencia en materia de estructura social; el avance del matriarcado. Hace varios años que los indicadores a favor de un avance hacia la supremacía de la mujer se vienen acumulando de manera indudable. Ya hoy, en los Estados Unidos el número de estudiantes de postgrado mujeres supera al de varones. Y ni que hablar de la brecha en las notas entre ambos sexos. La tasa de crecimiento de alta gerencia mujeres supera los dos dígitos mientras que la de los hombres es negativa. Es verdad que, todavía hoy, el salario masculino es superior al de la mujer; pero esto es porque la cantidad de horas de trabajo que dedican las mujeres descontado los tiempos de maternidad es menor. Pero su productividad horaria es mayor lo que hace preveer que si se dedicaran a trabajar más tiempo esto podría cambiar. El matrimonio monogámico fue una consecuencia lógica de la sociedad patriarcal que hemos vivido hasta hoy y estamos abandonando, lógico es entonces que la misma desaparezca junto con la estructura de la que formaba parte. El matrimonio monogámico era funcional a la sociedad patriarcal porque significaba el único medio oficial de establecer la paternidad del hijo. Es cierto que el matrimonio poligámico al estilo árabe o mormón también lo preservan pero esto hubiera sido un retroceso demasiado significativo para la mujer occidental y, además el costo hubiera sido prohibitivo para amplios sectores de la sociedad. El asunto es que el advenimiento de la mujer a la conducción de la humanidad ha venido acompañada del abandono del rol del hombre como proveedor y como sostén del hogar. Cuando yo era soltero siempre me veía mi mismo como un buen padre pero un pésimo marido. Frente...

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Genealogía del amor

Posted by on Dic 18, 2009 in Blog, Ficción | 0 comments

“Ella era amable y él la amó. Él no era amable y ella no le amó.” (Tragedia popular citada por H. Heine) Tanto se ha escrito sobre las razones y sinrazones del amor que ya es imposible ser original en este tema. Y no es que yo pretenda ser original, pero el asunto aparece demasiado gastado por todas sus aristas (está tan gastado que ya no tiene aristas). El lado romántico se refutó a sí mismo al no poder encontrar un final feliz que no se transforme en una deseperada lucha por el progreso económico, por alcanzar ‘el country’. Su única alternativa digna era el fracaso. Y el fracaso por más noble que éste sea, no es algo agradable. El lado de los que conocen el “precio de todo y el valor de nada” tampoco avanzó mucho. Para el cínico, el amor era una enfermedad, una maldición o un extravío. Enamorarse significaba perder lucidez, rebajar la inteligencia a niveles de asignarle todas las virtudes al objeto amado. En definitiva, el amor es, sobre todo, una sublime estupidez. Terminemos (y nos estamos olvidando de algunos matices importantes) con el bloque de los utilitarios. Estos creyeron encontrar la respuesta en una tautología: “La razon del amor se sostiene en que es útil, pues sirve para que la gente se case (ésta era una forma elegante de decir se aparee) y la especie siga su camino incierto”. Por supuesto, de ninguna manera se detuvieron a analizar el por qué, por ejemplo, un perro no necesita de amor para mantener a su especie. Pero esto los tenía sin cuidado. Además, una vez encontrada la proposición correcta era fácil adaptarla a los requerimientos de la realidad (por ejemplo; ¿quién dijo que los perros no se aman?).Creo que quien estuvo más cerca de una respuesta fue La Rochefoucauld cuando dijo que muy poca gente se enamoraría si no hubiese oído hablar del amor. Se ama como se compra un LCD, un automóvil o un iphone; por imitación. La mejor demostración de esta tesis se encuentra en como va cambiando el amor a lo largo de la historia y en como la mayoría de la gente se restringe a los aspectos externos del amor. Sufren de ilusión amorosa porque creen que es importante estar enamorado. Pero como dije antes, esta idea es la que estuvo más cerca de una respuesta; pero todavía deja muchos cabos sueltos. El más importante desde mi punto de vista es que si en un país existe un millón de enamorados por imitación, debería existir uno al menos real (claro, siempre y cuando éste no sea un mentiroso que inventó la teoría del amor porque no tenía nada mejor que hacer con...

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Menades y vestales

Posted by on Dic 13, 2009 in Blog, Ficción | 1 comment

Tocamos el timbre suavemente, como una sutileza. Y el ruido que se generó nos hizo comprender el temperamento histérico de ciertas mujeres que viven solas. Abrió Carola. Nos hizo pasar, nos sirvió un café y se disculpó porque su hermana no estaba lista. –“No tiene arreglo -dijo- podés decirle que vas a pasar a buscarla a las tres de la mañana para no tener que esperarla pero la vas a tener que esperar igual. Pareciera que lo hace a propósito.” “Sí, qué interesante” -la voz de Julián preludiaba algo raro ya que el comentario de Carola no merecía tanta atención. Quizás por eso ella se sorprendió. “Pareciera que lo hace a propósito, -dijo Carola como buscando agregar algo- como si hubiera esperado que ustedes llegaran para empezar a arreglarse”. –“Como si buscara que la imaginásemos vistiéndose” -Completó Julián- “Muy amable de su parte”. –“Cómo es eso?”–“Claro, -dijo Julián con calma- hay ciertos temperamentos femeninos que sólo viven para provocar reacciones en los hombres. Estas mujeres son incapaces de imaginar entre ambos otra relación que no implique una tensión de sexualidad, sea ésta de atracción o de rechazo. En este caso, Luisa provocó en mí una agradable sensación de atracción. ¿No sé en vos, Carlos?” –“No había pensado en eso realmente, pero ahora que lo decís, creo que mis ojos experimentaron una grosera y poco educada inclinación hacia el cuarto de las chicas.” Todo esto dicho por mí de la manera más aparatosa y afectada de que soy capaz, para dar pie a Julián a continuar con su exposición. Y ya el efecto se había logrado. Carola estaba inevitablemente interesada en el tema. Y del tema a Julián sólo había un paso. –“¿Quieren decir que Luisa tarda por ustedes? -agregó nuestra carnada- ¿Para seducirlos?” –“No lo dijimos nosotros, -aclaró Julián- lo dijiste vos: ‘parece que lo hace a próposito’. Lo que yo sostengo es que si ella lo hiciera a propósito, podría decirse que pertenece al tipo de mujer que yo llamo Ménade.” La mirada de Carola se dirigió hacia mí como pidiendo algún tipo de aclaración. Y no era para menos, la palabra Ménade suena a insulto exótico, por eso me vi obligado a adoptar una actitud erudita y explicar: -“Ménades, Carolita, no es ninguna mala palabra en algún idioma antiguo, ni tampoco significa nada malo para tu hermana. Las Ménades fueron simplemente las nodrizas de Dionisios, dios de la naturaleza, la uva, el vino y la embriaguez para los griegos. Y estas señoritas, todas de buena familia, rendían honor a su dios a través de fiestas que se llamaban bacanales.“ -“Pequeño Larrouse Ilustrado.” – agregó Julián como reprochándole su falta de lectura- –“O Espasa y Calpe -le retrucó...

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La tragedia disfrazada.

Posted by on Dic 11, 2009 in Blog, Ficción | 2 comments

“La amistad más profunda y exquisita se siente herida amenudo por el pliegue de un pétalo de rosa”. Ducis “Tengo edad suficiente como para ser padre doce veces, he desperdiciado tantos años de mi vida que puedo considerarme una persona con experiencia. Me he equivocado tanto y me han hecho sufrir el rídiculo tantas veces que me he hecho insensible a todo aquello que venga rotulado como ‘espiritual‘; es más, creo tan poco en las llamadas virtudes humanas como en las buenas intensiones de mis amigos cuando me aconsejan ‘por mi bien’ “. “No puedo leer un texto sentimental, el Werther, por ejemplo, sin que me arranque los más amargos sarcasmos. En definitiva, mi sentido del humor es tan destructivo que creo que el día que decida suicidarme me bastará con ejercitarlo frente al espejo. Forma limpia y elegante de morir; riendo ante la propia miseria.” Éste es un pequeño compedio antológico tomado de manera aleatoria del monólogo que desplegó Julián en el período que se sucedió desde que bajó del avión hasta que terminamos de almorzar. Yo lo escuchaba atentamente y guardaba sus palabras en mi memoria pero para pensarlas más tarde. No se por qué durante todo ese tiempo no pude dejar de pensar en una frase que se me ocurrió ni bien lo ví entrar al salon del aeropuerto. Un pensamiento sobre lo arbitrario de los juicios acerca de lo bueno y lo malo. Una idea triste… Pensaba (pensé en aquel momento y lo sigo pensando hoy) que la amistad es una tragedia disfrazada de gran beneficio. Cuando uno obtiene un amigo de verdad (y es cierto que esto es harto díficil) se hecha sobre sus espaldas una carga tan díficil de mantener como esos elefantes blancos que el rey de Siam regalaba a sus súbditos demasiado poderosos para obligarlos a abandonar el país. Por supuesto que el lector sabe de que estoy hablando, pero voy a aclaralo con una disgresión por si acaso algun temerario se ha acercado a este libro e intenta comprenderlo. En el antiguo reino de Siam (no pienso ubicarlo geográficamente porque creo que sería una falta de respeto incluso para quienes no son mis lectores), su monarca acostumbraba regalar a aquellos súbditos que habían adquirido un poder peligrosamente grande un elefante blanco. Este presente tirio de parte del rey siamés escondía la secreta intensión de deshacerse del súbdito indeseable. El regalo era tan caro de mantener que nadie podía costearlo sin perder sumas significativas que lo arrastraban más tarde o más temprano al ostrasismo o a la ruina. Era un regalo al cual se había hecho acreedor por sus buenos servicios, se lo llamaba regalo, nadie podía decir que no lo...

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