Juventud divino tesoro

Posted by on Ene 14, 2014 in Blog, Filosofía | 3 comments

Nel mezzo del cammin di nostra vita (En la mitad del camino de nuestra vida) mi ritrovai per una selva oscura (Me perdí en una selva oscura) ché la diritta via era smarrita. (Por haberme separado del camino recto) Ahi quanto a dir qual era è cosa dura (Ah! Qué penoso es contar  lo duro) esta selva selvaggia e aspra e forte (Salvaje, espesa y aspera que era esta selva) che nel pensier rinova la paura! (que de sólo pensarlo renueva el miedo) Dante Aligheri, La Divina Comedia Probablemente Dante no fue el primero en echarle un vistazo al infierno después de pasar por una juventud agitada. San Agustín de Hipona , Siddharta Gautama (Buda), Mahoma  llegan a la madurez atravesando una mocedad aventurera y un poco pecaminosa. Y es que la juventud no es un período de reflexión, es una época de acción y disfrute donde el cuerpo responde adecuadamente a todas las exigencias de nuestros apetitos. Cuando somos jóvenes, si somos sanos, somos como dioses indestructibles y curiosos. Llenos de energía y hambrientos de verdades absolutas nos lanzamos al mundo buscando imponer nuestra novedad. Somos fuerza, movimiento y dirección apuntando al reconocimiento de los que ya está, construyendo nuestra legitimación. Y el tiempo pasa, y nuestra fuerza, alimentada de sonido y furia, saciada en derrotas amargas y en victorias inútiles y momentáneas empieza a mostrarse más humana. Ya no es simplemente el placer de blandir espadas (Cualquiera sea su naturaleza). Empezamos a preguntarnos por qué y a disfrutar de la disciplina del resultado con menor esfuerzo, de la técnica elegante, del diálogo. Empezamos a vernos cerca de la cima de nuestra montaña y como Sísifo, intuimos lo que viene. Nos ponemos sentimentales. El legado, la ternura y la descendencia empiezan a ocupar el lugar que antes ocupaba la dureza y la valentía. El legado desplaza a la gloria y, el saber demasiado construye cataratas sobre nuestra curiosidad. No es que los apetitos desaparezcan, es que se sacian de manera diferente. No es que no disfrutemos de la vida, es que la dulzura pura empalaga si no se le agrega el sabor amargo que da la inteligencia. Y está el temita de la carne. Max Frish hace comentar a su Homo Faber:”Todo el cuerpo humano es así; como construcción, no está mal, pero como material, un fracaso: la carne no es un material, sino una maldición.” Es la “canción de otoño en primavera” de Ruben Dario; “Juventud divino tesoro ya te vas para no volver Cuando quiero llorar no lloro y a veces lloro sin...

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Lo que no va a cambiar

Posted by on Dic 23, 2013 in Blog, Filosofía, General, Política | 0 comments

Los políticos no pueden resistir un micrófono, los artistas un halago y los economistas no pueden resistirse a hacer pronósticos. Hacer pronósticos  es lo que más conmueve a los economistas; de hecho es lo único que los conmueve. Para un economista un pronóstico del futuro es lo que más se le parece a un gesto de bondad. Será por eso que lo llaman la ciencia sombría. Pronóstico y escenarios son la razón de nuestra existencia y, el 2014 con la cuota de incertidumbre que nos deja el 2013, aparece como el año más propicio para pronosticar. Y si eso es lo que hay que hacer; pronostiquemos. La mejor inspiración para realizar un correcto oráculo del año por venir en la Argentina se logra paseando tranquilamente por la calle Florida. La naturaleza artificial de esa calle tan identificada con nuestro devenir económico grita desde las baldosas lo que se viene: Cambio! Cambio! Cambio! Pero de qué cambio hablamos cuando hablamos del cambio? En este perfecto remedo de Lampedusa donde la principal herramienta de supervivencia es olfatear el cambio para que nada cambie, que el cambio esté de moda es una garantía de que vamos a seguir como siempre. Camino por la calle Florida al compás de este “cambio, cambio” tan cantado como mecánico que me acompaña una cuadra sí y la otra también y mis pensamientos se estancan en esta Argentina donde el cambio es una ilusión. “El mejor país del mundo”, “Un país con buena gente” donde hasta hace unas semanas eramos los más ricos de Latinoamérica y donde dentro de un par de semanas podemos tener el salario promedio más bajo de la región. El cambio es nuestro destino pero repetimos nuestra historia de manera freudiana desde 1810. Somos Lampedusa reloaded. “Usted es un caballero Chevalleyn y, considero una suerte haberlo conocido. Tiene usted razón en todo. Se ha equivocado solamente cuando ha dicho “los sicilianos quieren mejorar”. Quiero contarle una anécdota personal. Dos o tres días antes de que Garibaldi entrase en Palermo me fueron presentados algunos oficiales de la marina inglesa que se hallaban de servicio en esos buques anclados en la rada para observar los acontecimientos. Habían sabido, no sé cómo que yo poseía una casa junto al mar con un terrado desde el cual se veía todo el círculo de montes que rodea la ciudad. Me pidieron permiso para visitar la casa, contemplar aquel panorama en el que se decía que actuaban los garibaldinos y del cual, desde sus barcos, no podían tener una clara idea. De hecho, Garibaldi estaba ya en Gibilrossa. Vinieron a casa, los acompañé al terrado; eran ingenuos jovenzuelos a pesar de sus patillas rojizas. Quedaronse extasiados ante el panorama...

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Saber quién soy

Posted by on May 18, 2013 in Blog, Filosofía | 0 comments

“May your hands always be busy. May your feet always be swift. May you have strong foundation When the wind of changes shift.” Bob Dylan. For ever young.     Mi abuelo al morir dejó la instrucción de publicar un aviso fúnebre en el Corriere della Sera. Este debía decir “Murió Carlo Pirovano, milanés y alpino”. La historia no dejaría de ser una linda e intrascendente anécdota familiar sino denotara algo que escasea llamativamente en estos tiempos y que, creo, es interesante debatir. Estoy hablando del saber quién se es. Tan simple como eso, qué somos. En un mundo de noticias envejecidas antes de nacer y de cinco minutos de fama. En un mundo donde Heráclito ha quedado inmóvil y pasmado frente a la correntada de su río el problema del ser toma dimensión moral y estética. Moral porque para estar obligado es necesario reconocerse con algo y estético porque la belleza y el atractivo tienen que ver con la idea de asir una cosa. El movimiento puede ser estético pero para ello debe mantener la idea, el concepto que le da sentido. Sin sentido el movimiento es espasmo. El ser tiene que ver con los dos grandes motores de la  humanidad: El amor y la inteligencia. Ninguno de los dos puede operar sin el preconcepto de que las cosas son algo inteligible o algo deseable. Su contrario, el “no ser” es sinónimo de incertidumbre. Aún dentro de un continuo espacio-tiempo si existe una trayectoria existe el ser que la recorre. Entonces el problema es la incertidumbre. El problema es la vida espasmódica. El problema es no reconocerse dentro del ser individual o colectivo sino como un desertor permanente de las lealtades a la conveniencia del momento. Tratemos de no desechar la virtud que esta conducta pueda llegar a tener cediendo a la corrección política que sostiene a su contrario. Para la moral Parménides siempre será el bueno y Heráclito el malo. Pero aquí hay un ser, es la moral y la estética del sobreviviente. Para quien lo único importante es la adaptación al cambio. Para quien no hay nada en el centro de los pliegues de su espíritu. En este extremo, el individuo ya no tiene una dirección. Es un gota muerta en la marea audaz de la humanidad donde existen gotas que hacen y se agrupan buscando influir. Vectores que se inmolan intentando mover al mundo y que mueren en el fracaso, ya que nunca logran imponer su dirección sino simplemente influir o incluso ser contraproducentes, pero desaparecen conscientes de que tuvieron un rol y un destino. Quien “no es” sólo dura, nunca fracasa pero tampoco tiene éxito ya que nunca tuvo otro objetivo que durar lo...

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En busca de un orden real

Posted by on Mar 18, 2012 in Blog, Filosofía, Política | 2 comments

Milán Kundera en “La Insoportable Levedad del Ser” dedicaba una parte de cada capítulo a un diccionario de palabras incomprendidas. Palabras con significado diferente para cada personaje.  Yo siento que la palabra “Federal” es una de esas palabras donde la carga afectiva es tan poderosa que su sentido se diluye en la incomprensión.  Sin ir muy lejos, para el país con la Constitución Federal vigente más vieja del mundo el significado es exactamente el contrario del que damos en nuestro país. En Estados Unidos, “los federalistas” eran, con Alexander Hamilton y John Adams a la cabeza, los partidarios de un mayor poder central, de un fuerte gobierno federal sostenido por una constitución que le otorgaba muchos de los derechos que antes detentaban las 13 colonias. Los federalistas fueron los centralistas. A ellos se opusieron “los antifederalistas” liderados por Jefferson y Madison que resistieron la Constitución Federal y bregaban por poner límites a este poder central. Los antifederalistas impusieron la “carta de derechos” que son las 10 primeras enmiendas a la Constitución Federal en donde se explícita una serie de derechos no delegados. La Argentina tuvo distinto origen que Estados Unidos. No estaba formada por un número de colonias que se autogobernaba sino que era un virreinato propiedad del rey de España. Votamos una Constitución Federal luego de años de guerra civil, anarquía y persecuciones. Organizamos un país en torno a un marco jurídico pero no lo cumplimos nunca demasiado. En 1883, Sarmiento publica su libro “Conflictos y armonías de las razas en Latinoamérica” y en su dedicatoria a Horace Mann escribe: “La persistencia con que reaparecen los males que creímos conjurados al adoptar la Constitución Federal y la generalidad y semejanza de los hechos que ocurren en toda Latinoamérica, me hizo sospechar que la raíz del mal estaba a mayor profundidad que lo que los accidentes exteriores del suelo dejaban creer”. Y un poco más adelante comenta: “Hemos educado 4000 doctores en leyes desde 1853 en que se reorganizaron las universidades. En 1845 tenían ustedes estudiando en “Law schools”, menos de quinientos alumnos y, sin embargo, en las cámaras y los congresos, en los consejos y ministerios cada vez ignorase más el derecho. Legisladores y Ejecutivos violan a más y mejor los preceptos que eran sacramentales hace 30 años”. El Sistema Federal es un muy buen sistema. Es un sistema que reconoce las diferencias culturales ideológicas  y sociales de las distintas regiones. Todo el mundo sabe lo distinto que son un Alemán de Baviera y un Berlinés. Un Farmer de Alabama, un comerciante de Miami o un emprendedor de San Francisco. El Sistema Federal propone una división de poderes geográfica que complete la división de poderes de la republica y que...

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El Exilio

Posted by on May 28, 2011 in Blog, Ficción, Literatura | 0 comments

Estoy solo y hace frío. Todas las cosas que me cuidaban, todo lo que me producía algún sentimiento, lo que amaba, lo que odiaba, lo que me aturdía, lo que me arrullaba; todo se ha ido y me ha negado. Estoy en tierra extraña pero siento que no soy yo el que se ha ido, son mis arropes. Me falta la seguridad de salir a la calle y saber donde está el peligro. Me pierdo en las las caras, los silencios, las hipocresías. Todo me parece trivial o inaccesible.  Nada tiene el matiz que da el entendimiento. Nuestra naturaleza es rara. Ignoramos lo cotidiano hasta el punto del desprecio pero lloramos su ausencia. Somos tan nuestro ambiente que hasta sus peores crímenes nos parecen deseables a la lejanía. Una palabra, un aroma, una imagen que nos lleva a nuestra tierra basta para conmovernos. Las palabras sobre lo nuestro sólo toman significado a la distancia y los motivos de alejamiento se mezclan con la amargura del resentimiento. La tristeza de estar lejos provoca infiernos y promesas geniales; produce llantos secos y fortalezas sin alma. La mayor lucidez se encuentra en el desierto donde todo es supervivencia. Y el mayor patriotismo lo esgrime quien a perdido su patria. No es estéril pensar por qué, para el antiguo, el exilio era peor que la muerte. El hombre es un sol que justifica su galaxia. Somos fuertes en nuestra casa pero somos una triste hoja tiritando en un patio trasero si nos falta la savia del arbol que nos da la vida. Estoy sólo y hace frío. Quienes me acompañan no son más que sombras lúgubres en este velorio de desesperanza. El puñal que me han clavado mis hermanos no duele menos por ser compartido y la orfandad no por vulgar es menos desolada. Hay dos cosas que me hacen recordar que estoy vivo. Dos cosas que dan toda la fuerza para enfrentar este porvenir: una es la lucidez de saber que todo pasa y que mis huesos no van a quedar en tierra extraña. La otra es la promesa de...

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El anonimato y la responsabilidad social en la red

Posted by on Abr 7, 2011 in Blog, Política | 0 comments

Hace unos días leí un artículo en The Economist acerca los costos y los beneficios del anonimato en internet. Un sujeto anónimo tiene a su favor la impunidad que le otorga el estar moviéndose en la oscuridad. Puede decir lo que le venga en gana, insultar y agredir y quedar impune por su falta de conducta. La red ha llamado trolls, un derivado de trolling (pescar incautos), a quienes realizan estas prácticas disruptivas. El acoso de un troll es una experiencia bastante desagradable, quien lo haya vivenciado entenderá por qué mucha gente piensa que es algo parecido a un asalto físico y reclama tomar medidas para que se evite. El artículo ahonda en que la forma de evitar al troll es obligando a que se revele la identidad tal como Facebook lo hace. Luego reflexiona sobre los peligros que esto podría acarrear para la gente que se encuentra en situación de perseguido político en donde el anonimato es un requisito de supervivencia. Efectivamente, si sólo podemos exponer nuestras ideas revelando nuestra identidad el individuo se expone a la sanción no solo de la sociedad (lo cual podría ser atendible aunque también discutible) sino también se hace vulnerable a la persecusión, ya que le estaría brindando a los comisarios políticos de turno de toda la información que necesitan para reprimir  la libertad de expresión. Confieso que antes de leer el artículo, intuitivamente, tendía a ser más un partidario de obligar a proveer la identidad que a permitir el anonimato.  En definitiva, el pensamiento se encuentra unívocamente relacionado con la persona. Pero después de leerlo y reflexionar al respecto me he vuelto un ferviente defensor del anonimato en las redes sociales. Un disidente cubano o un rebelde libio serían presa fácil del aparato represivo del gobierno y  la red se podría transformar en la herramienta totalitaria más poderosa jamás inventada. Es cierto que los trolls son molestos. Yo mismo soy una víctima regular de estos agresores virtuales en serie que trabajan como un psicópata sobre nuestra cabeza. Pero las molestias que estos parásitos me causan no son nada comparable al peligro que se corre cuando uno se enfrenta al aparato estatal. La realidad es que hay trolls y trolls. Los hay buenos y los hay malos. Y el mecanismo para diferenciarlos no pasa por la regulación de la red ni por un formato supuestamente “transparente”. Pasa por una herramienta desarrollada por la sociedad desde hace mucho tiempo y que, aún hoy, es una gran herramienta para derrotar a la mentira: la reputación. Voy a dar un ejemplo intentando ser gráfico. En Twitter uno abre una cuenta anónima y empieza a interactuar en la red. El objetivo de ello es influenciar lo más posible dentro de...

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