Los Presocrátricos (el universo piensa II)

Posted by on Ene 16, 2014 in Blog, Filosofía, General | 0 comments

“Sócrates considerado como adversario de la tragedia, como disolvente de los instintos del arte, de los instintos demoníacos y profilacticos”: el socratismo, como el gran desconocimiento de la vida y del arte: la moral, la dialéctica, la moderación del hombre teórico son consideradas como formas de cansancio: la famosa serenidad griega no es más que una puesta de sol… las razas fuertes, mientras poseen abundancia de fuerza, tienen el valor de ver las cosas como son: trágicamente… Para ellas el arte es más que una diversión y un recreo: es una cura…” Federico Nietzsche En este post quiero citar un ensayo póstumo de Federico Nietzsche contemporáneo a su “El Origen de la Tragedia”, su primer obra (1863). En el mismo, Nietzsche relata la evolución de la filosofía griega desde Tales de Mileto hasta Anaxágoras. Existen borradores que permiten inferir que tenía planeado incorporar a Empedocles y a Demócrito pero el escrito termina formalmente en Anaxágoras. La primera consideración importante es por qué dividir a la filosofía griega en pre y post socrática. “El que quisiera significar algo desfavorable contra aquellos viejos maestros podría llamarlos unilaterales, y a sus epígonos, con Platón a la cabeza, plurilaterales. Pero sería más certero e imparcial llamar a los últimos mestizos y considerar a los primeros como tipos puros”. Ellos ya se plantean como principal problema filosófico el origen de universo. Pero lo encaran desde la naturaleza, desde la “Fisis”. Aún un empirista como Heráclito que niega el ser o un lógico como Parménides que niega la realidad no consideraban al hombre como algo distinto del resto de la naturaleza. Incluso en la arquitectura más compleja de Anaxágoras, el “Nous” (Pensamiento) es una partícula que existe antes del hombre y cuyo atributo principal es el libre albedrío, como su capacidad creadora y ordenadora. “En todo caso, el “Nous” era también una substancia en sí, y fue caracterizada por él (Anaxágoras) como una materia más fina, dotada de la cualidad específica de pensar. Dado éste su caracter, efectivamente, la acción de esta materia sobre la otra materia debía ser de la misma naturaleza que el que ejerce una substancia sobre otra, esto es, una acción mecánica que mueve por la presión y el choque”. Para Nietzsche, la explicación original de los presocráticos no tienen una raiz religiosa, metafisica o finalista. No es antropomórfica. “Toda esta gran concepción es de una audacía y sencillez admirables, y no tiene nada de aquella torpeza y de aquella teleología antropomorfista que habitualmente se atribuye a Anaxágoras. Su grandeza y su arrogancia consisten precisamente en que del movimiento circular deriva todo el cosmos del devenir, mientras que Parménides concebía al verdadero ser como una bola en reposo, muerta. Una vez puesto...

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Juventud divino tesoro

Posted by on Ene 14, 2014 in Blog, Filosofía | 3 comments

Nel mezzo del cammin di nostra vita (En la mitad del camino de nuestra vida) mi ritrovai per una selva oscura (Me perdí en una selva oscura) ché la diritta via era smarrita. (Por haberme separado del camino recto) Ahi quanto a dir qual era è cosa dura (Ah! Qué penoso es contar  lo duro) esta selva selvaggia e aspra e forte (Salvaje, espesa y aspera que era esta selva) che nel pensier rinova la paura! (que de sólo pensarlo renueva el miedo) Dante Aligheri, La Divina Comedia Probablemente Dante no fue el primero en echarle un vistazo al infierno después de pasar por una juventud agitada. San Agustín de Hipona , Siddharta Gautama (Buda), Mahoma  llegan a la madurez atravesando una mocedad aventurera y un poco pecaminosa. Y es que la juventud no es un período de reflexión, es una época de acción y disfrute donde el cuerpo responde adecuadamente a todas las exigencias de nuestros apetitos. Cuando somos jóvenes, si somos sanos, somos como dioses indestructibles y curiosos. Llenos de energía y hambrientos de verdades absolutas nos lanzamos al mundo buscando imponer nuestra novedad. Somos fuerza, movimiento y dirección apuntando al reconocimiento de los que ya está, construyendo nuestra legitimación. Y el tiempo pasa, y nuestra fuerza, alimentada de sonido y furia, saciada en derrotas amargas y en victorias inútiles y momentáneas empieza a mostrarse más humana. Ya no es simplemente el placer de blandir espadas (Cualquiera sea su naturaleza). Empezamos a preguntarnos por qué y a disfrutar de la disciplina del resultado con menor esfuerzo, de la técnica elegante, del diálogo. Empezamos a vernos cerca de la cima de nuestra montaña y como Sísifo, intuimos lo que viene. Nos ponemos sentimentales. El legado, la ternura y la descendencia empiezan a ocupar el lugar que antes ocupaba la dureza y la valentía. El legado desplaza a la gloria y, el saber demasiado construye cataratas sobre nuestra curiosidad. No es que los apetitos desaparezcan, es que se sacian de manera diferente. No es que no disfrutemos de la vida, es que la dulzura pura empalaga si no se le agrega el sabor amargo que da la inteligencia. Y está el temita de la carne. Max Frish hace comentar a su Homo Faber:”Todo el cuerpo humano es así; como construcción, no está mal, pero como material, un fracaso: la carne no es un material, sino una maldición.” Es la “canción de otoño en primavera” de Ruben Dario; “Juventud divino tesoro ya te vas para no volver Cuando quiero llorar no lloro y a veces lloro sin...

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