Diferir

Posted by on Ene 30, 2010 in Blog, Poesía | 0 comments

Estoy enfermo de mí; debilitadodel titubeo moral que me atormentaentre la realidad que impone sus caminosy el artificio del ser que me seduce. Ulises es un sueño inalcanzable.El equilibrio de una épica heroicay una larguísima vejez apacible.El hallazgo del engaño concienteamalgamado a la nobleza de miras. Soy el peor hombre pues estoy más lejosque cualquiera de la íntima conciencia,de la comunión con lo que me rodea. Siempre he creído en la madurez del tiempo,en que toda luz requiere su embarazo.Pero ya me siento viejo y no he nacido. El mundo me marca por donde debo irpero ya no soy libre de elegir ese camino. La libertad es algo que se ejerceuna sola vez en la vida. Ya elegí: Difiero. ¿Qué sacrificio mayor se puede...

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VARIACION SOBRE EL SONETO CLII DE WILLIAM SHAKESPEARE

Posted by on Ene 23, 2010 in Blog, Poesía | 0 comments

Es Cupido una triste paradojaQue nos hace mentir siendo sinceros.El amor parte en dos al ser enteroY al dar felicidad otra despoja. Hemos mentido por amor; culpablesDe engañar a terceros y falsearnosa nosotros. Tal vez al encontrarnos,perdimos la verdad más perdurable. Yo mismo he proferido juramentosQue darían vergüenza al propio JudasY con la sacra sonrisa de un BudaHe regalado frases a los vientos. Yo he jurado una vez que eras hermosaMentir tan de verdad fue fea...

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RETRATO ESTILO PRIMAVERA-FIN DE SIGLO VEINTE ( SPRINT-FIN-DU-SIEGLE)

Posted by on Ene 23, 2010 in Blog, Literatura | 0 comments

Paqco Belaunde nació un día perfectamente normal y murió, de manera irremediable, otro día absolutamente vulgar. Esto no tiene nada de interesante como que éstas dos anécdotas son superadas, sin excepción, por todos los vivos y los muertos respectivamente. Lo notable para nuestra historia fue el intermezzo de vida de Paqco.[1] No encuentro palabras actuales para definir a Paqco. Espero me perdonen por abusar de ustedes e insertar (Esta sí es una palabra del siglo XXI) un par de períodos un poco decimonónicos. Paqco era por definición (Y la definición era suya); un perfecto y arquetípico libertino estilo ‘siglo veinte’. Es decir, con la cáustica y constructiva ironía del siglo dieciocho, la romántica ensoñación del diecinueve, el placer por el escándalo de la ‘Belle epoque’ y un desesperado amor por las mujeres actuales (Su target abarcaba de los dieciocho a los cuarenta año, pero estas últimas ‘había que cocerlas con un hervor‘). Físicamente Paqco era como cualquier argentino; es decir, europeo. Su testa (porque Paqco tenía testa y no cabeza) era de un rubio adecuadamente revuelto, oscurecido por los aires del rio de la plata. Sus ojos claros irradiaban una picardía infantil que se enjuagaba en un brillo salobre casi pervertido. Su nariz, según él, perfectamente romana y su sonrisa entre segura, amenazante y tierna no eran de esas que uno encuentra una sola vez en la vida. Es más, la mayoría de los argentinos posee al menos una de ellas (la nariz, por lo menos es usada por casi todos menos, lógicamente, por la muerte: “esa vil desnarigada”). Lo importante en Paqco era el conjunto. Y sobre todo la fuerza vital que ponía en movimiento semejante maquinaria. Eso era único. Y de un efecto arrollador. Una pintura, aún una de Delacroix, no haría sino reflejar su lado vulgar y vano, e incluso mi intento peca por excesivamente somero. Y es que en el hombre lo importante es el movimiento, eso es lo que lo transforma en individuo. Lo demás es caricatura o idealización, que viene a ser lo mismo. Y la palabra con todos sus “metalenguajes” y complejidades modernas no hacen sino homogeneizar y reducir. El arte, en cuanto a su función descriptiva, es infinitamente inferior a la naturaleza. Sólo se eleva por sobre ella, o al menos la alcanza, cuando es invención. Cuando es comunión con la naturaleza. Esta digresión que parece tan ridículamente hegeliana (esto en realidad es un pleonasmo) tiene su razón de ser. En realidad, estoy tratando de evitar, y ya estoy desesperando de lograrlo, que el típico lector de novelas estilo Sidney Sheldon se imagine que estoy describiendo a un play boy. Nada mas lejos de Paqco que un play boy. ************************************************** Existen...

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La Frontera entre el cielo y el infierno

Posted by on Ene 19, 2010 in Blog, Literatura | 0 comments

Matiz de blanco sobre blancoBlanco sin luz blanco oscuroBlanco de miedoBlanco fríoBlanco de traición a la traiciónEstéril, silencioso blancoLleno de elocuenciaBlanco de culpable absueltoCon sus culpas en blancoCon la mirada en blancoBlanco de vacío en los ojosCon olor y sudor blancoMente en blancoMoral blancaCon el prontuario blanqueadoLa voz blanca de discurso en blancoCondenado a la blancuraDe una eternidad blancaLa línea entre el cielo y el infiernoEl límite interdemiúrgicoEs una frontera blanca como un soplo polarBlanco como la...

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Genealogía natural del amor

Posted by on Ene 19, 2010 in Blog, Literatura | 5 comments

¿Viste alguna vez amarse a dos palomas? Voy a describírtelo: Esta escena puede suceder en cualquier cornisa, cualquier terraza o techo de la ciudad. Pero si te interesa comprenderlo profundamente, tenés que verlo un mediodía soleado de primavera (si es sábado, mejor) e imaginándote que se trata de una metáfora en la cual, la naturaleza está hablando de vos. Todo esto es tan lírico que da lástima pasar a lo biológico. Una paloma tordilla se acurruca a tomar sol sobre una cornisa de tejas francesas que se encuentra justo delante de mi ventana. Mi ventana da a un contrafrente. El ambiente es íntimo, gris; y el vértico de los ocho pisos hacia abajo, excita. En picada, por detrás del sol, quizás como una táctica para no ser visto hasta que sea demasiado tarde, cae un palomo. Ella lo ve, se sorprende, pero lo oculta; finge indiferencia. El palomo se indigna y, orgulloso, hincha su pecho y se pasea alrededor de su dama buscando conquistarla. Ella se incorpora y realiza un amague de huida que termina diluyéndose en unos imaginarios puntos suspensivos hacia el abismo. Gira sobre si misma y evitando mirar a su contrario pasa al lado suyo. Indiferente y distante. Todo llama a la timidez y a la desilusión de nuestro Palomo azul; no hay ningún dato objetivo que le indique alguna probabilidad de éxito. Sólo existe la indiferencia. Pero, ¡ah! la indiferencia, está tan cerca del disimulo. Y el palomo lo sabe. En un instante, gira siguiendo el recorrido de ella, la aborda y busca su boca… ella, sorprendentemente, no rehusa. Éste es quizás el momento de mayor ternura. Y es que la entrega de ella exige, inevitablemente, la retirada del orgullo y la soberbia de él. En este momento sólo existe el amor. Progresivamente, los besos y las caricias se hacen más intensos y apasionados, el cuerpo de ambos se tensa y lo que antes era ternura pura, ahora es violencia y excitación. Luego, como si ambos sin decir palabra hubieran tomado una decisión, se alejan uno del otro. Ella se exiende en el suelo y él la cubre con sus alas, son dos segundos, y es como un vacío técnico después de la voluptuosidad. Finalmente se separan y quedan silenciosos un largo tiempo. Mudos y quietos como dos estatuas en la cornisa. Sorpresivamente él levantará vuelo. Ella se estremece ante lo súbito de la decisión, pero, olvidando su orgullo, le sigue. Éste es el cuadro, y es igual con el género...

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